‘Tenemos que trabajar el doble para hacernos ver’

Bronny es músico, bailarín y poeta nacido en España

‘Me gusta creer que el arte puede curar a las personas’, comenta Samuel Tavares López, (Bronny, que es como le llaman sus amigos) mientras recuerda los momentos de su vida en los que se ha sentido discriminado. Explica que vive inspirado por el Renacimiento de Harlem. Éste jóven además de músico, bailarín y poeta, trabaja como director en una empresa de alquiler turístico. Hijo de padre caboverdiano y madre andaluza, comparte sus experiencias como persona negra en una sociedad que discrimina por el color de piel.

Según las Fuerzas de Seguridad en el año 2015 se dieron 1.324 casos de delitos de odio, un aumento del 13% respecto al 2014, lo que supone unos cuatro delitos de odio al día.

Además, el Informe Anual 2016 sobre racismo elaborado por la Federación de Asociaciones de SOS Racismo del Estado Español documentó un total de 247 incidentes xenófobos a lo largo del 2015, un 28% fueron conflictos y agresiones racistas, un 22% por racismo institucional y un 12% por denegación de acceso a prestaciones y servicios públicos.

Bronny recuerda cómo ha vivido el racismo desde que era muy joven, y cómo ha utilizado el arte como armas de empoderamiento en su identidad y la lucha contra el  racismo.

¿Percibes discriminación en el sector artístico?

He experimentado encasillamiento… una vez me propusieron hacer un anuncio [para Comisión Española de Ayuda al Refugiado] y resulta que mi papel residía en hacer de refugiado… yo lo hice encantado para dar voz pero se desprendía de ahí una separación real de lo que ocurre ya en la vida real. Porque por un lado estaban los blancos que interpretaban su papel perfectamente y por otro lado estábamos nosotros. Y me daba la sensación, sin tratar de victimizar, que había una separación. Es decir, ellos estaban en un lado, nosotros estábamos en otro. Incluso recuerdo que intenté hablarles, porque había varios actores que habían salido en televisión, y se apartaban un poco. Me dieron a entender que lo que querían decir era que ‘nosotros cobramos y vosotros venís de una agencia subcontrada’. Todos los que interpretaban a refugiados no cobramos nada.

Incluso les obligan hacer el típico acento latino para encajar en esa etiqueta.

¿Hay una estereotipación dentro del sector?

Sí, claro que estamos estereotipados porque no hay unas verdaderas ganas por parte del cómputo global de la sociedad de vernos en papeles importantes. Con lo cual nosotros tenemos que trabajar literalmente el doble para hacernos ver con nuestros propios medios y desde nuestras propias fuentes. No se aprecia un interés por parte de la sociedad por querer vernos en puesto más “normalizados”. Creo que estamos encasillados en las interpretaciones que realizamos. No recuerdo haber visto a chicos negros que hagan un papel digno. Incluso les obligan a hacer el típico acento latino, para encajar en esa etiqueta.

¿Cómo ha sido tu experiencia hasta ahora?

Difícil… sentía asco de ser negro. No me sentía a gusto viéndome en el espejo, viendo mis rasgos. Para mí fue muy doloroso porque en el fondo me amaba. Sin embargo, me sentía discriminado en la calle. En la escuela no tanto porque fui a la pública en Carrabanchel. Pero todo cambió al ir un instituto concertado. El nivel de racismo que vi allí no lo había visto en mi vida. No fue paulatino, sino de golpe, fue muy duro. Fui el primer chico negro en ese instituto. Eran gente acomodada que constantemente hacian bromas racistas. Por entonces yo era una persona débil y me afectó mucho.

Por un lado, yo había sembrado en mí desde hacía tiempo el gusto por el baile, la música… el gusto por el conocimiento sobre la cultura afro, lo fui recogiendo y recogiendo en mi interior. Tardé en entender que además debía de tener un hilo conductor, que es el amor propio. Por otro lado, tenía una idea de realidad prefabricada con la que te bombardean, algo así como ‘eres negro e inferior’. Trataban de hacermelo ver constantemente. Fue muy difícil lidiar con ello.

El nivel de racismo que vi en la escuela concertada nunca lo había visto en mi vida. No fue paulatino, sino de golpe, fue muy duro. Fui el primer chico negro en ese instituto.

¿De dónde crees que vienen los prejuicios racistas de los más jóvenes?

En mi opinión, creo que viene de una absoluta desconexión por parte de una realidad que muchos no quieren ver, tampoco sus padres. Creo que muchos de los niños que tienen esa actitud racista lo hacen por diversos factores. Entre los varones, no está bien visto ser sensible, sino ser duros, más con el que es diferente y “está en una posición subordinada”. Y como está mal visto ser sensible, si encima prima la actitud de superioridad que mantienen los adultos, es muy difícil que un niño lo cuestione y diga ‘esto no es así’… parece que solo está bien visto empatizar con quienes nos dicen que debemos empatizar. Incluso sucede que si defiendes a una persona discriminada, te tratan como a la persona que se quiere discriminar.

Si eres negro acabarás criminalizado y perseguido por vender en el top manta.

¿Hoy día cómo se manifiesta el racismo?

Ahora, por ejemplo, digo el puesto que tengo, y es como que se sorprenden. Una sorpresa llena de prejuicios. Dentro de la sorpresa hay racismo. Porque claramente es un prejuicio. Además me juzgan por mi forma de vestir: ‘¿pero tío tu trabajas? ¡Mira qué pintas tienes! ¿En qué trabajas?’ no creo que vaya mal vestido, pero bueno, me gusta llevar gorra porque quiero… me produce mucho asco esa reacción.

¿Es la sociedad española tolerante e inclusiva?

Creo que existe un ánimo de querer ayudar, un ánimo sincero por muchas personas pero por otro lado, creo que hay mucha falsedad en ese sentido. No es raro escuchar frases como ‘sí, vamos a ayudar pero que no nos toque de cerca, o sí, vamos a ayudar pero que no lo tenga que hacer yo’.

Creo que España tiene muchas cosas buenas y positivas que hay que reforzar. Pero también creo que en este país si eres inmigrante y blanco, te vas a adaptar mejor, o por lo menos vas a poder tener más oportunidades a la hora de buscarte la vida. Pero si eres un inmigrante indio por ejemplo, con suerte te darán licencia para que pongas un puestito, si eres negro acabarás criminalizado y perseguido por vender en el top manta.

¿Cómo luchas contra el racismo?

Me gusta hacerlo desde el arte, esos son mis armas. Debemos luchar con las armas que tenemos cada uno, unidos evidentemente. El arte es un arma poderosa, porque está cargado de información. Y lo que la gente necesita es información. Luego hay otras formas, pero no a todas las personas les gusta salir a la calle con una pancarta y arriesgarse que la policía les dé de hostias. Se trata de luchar por la felicidad de otros.

A mí nadie me enseñó a enfrentar toda esta discriminación. Aunque recuerdo que empecé a tomar conciencia cuando era un niño, con el libro de ‘Raíces’ de Alex Haley. Creo que el futuro de esta lucha reside en que estos niños aprendan a enfrentarlo y una buena forma de hacerlo reside en el arte. Porque el arte tiene el poder de cambiar mentes.

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