“Se instrumentaliza el discurso de género para fomentar la islamofobia”

Fátima Aatar / Captura del programa Tot un Món: l´islam en femení de TV3

“En un sistema patriarcal, el feminismo surge como reacción, no sale de la nada. Si no hubiese patriarcado no haría falta feminismo”, quien expresa estas palabras es Fátima Aatar, antropóloga social y cultural, activista del movimiento internacional no violento Boicot Desinversión y Sanción contra Israel (BDS) y miembra de Red Musulmanas, un movimiento independiente que pretende mostrar la diversidad de perfiles de mujeres musulmanas que hay y desmontar los prejuicios que existen sobre ellas.

¿La islamofobia como intolerancia religiosa o como forma de racismo?

No son excluyentes, hay que tener en cuenta el contexto histórico. Cuando en ese contexto la religión estructura la sociedad ahí hablamos de intolerancia, porque se jerarquizan las religiones y los criterios de exclusión son religiosos. Esto cambia cuando se da un giro de paradigma, pasando de lo religioso a lo científico, ahí aparece el racismo. Se busca dar explicaciones raciales a la discriminación. En la historia de la islamofobia podemos ver que el antisemitismo no diferenciaba entre musulmanes y judíos. Se utilizan teorías “científicas” para justificar el racismo a determinados grupos religiosos.

Por ello, creo que son ambas cosas, se racializa a unas personas que practican una religión a la que se inferioriza. Desde la izquierda se suele utilizar el argumento de la intolerancia religiosa para posicionarse en contra de las religiones, pero en el fondo son argumentos racistas. Habría que ver que es lo que definimos como racista, puesto que no es políticamente correcto calificarse así, sin embargo, ser islamófobo no está mal visto. Es sobre todo fundamentalismo cultural, ya no se utiliza el concepto de raza como antes, a excepción de determinados grupos. Se sigue un proceso de racialización, a una persona se le otorga toda una serie de características por ser musulmán, que permiten su identificación a través de rasgos externos, por ejemplo, un terrorista lo es sobre todo porque cumple un estereotipo.

Grosfoguel expresa que la islamofobia se manifiesta en el mercado laboral, la educación o la esfera pública y se que fortalece a través de la producción de conocimiento ¿Cómo contribuye el racismo epistemológico a este fenómeno?

La islamofobia es previa a la producción del conocimiento. El punto de partida para esta creación no nace con la islamofobia, aunque la reproduce. Estamos en una sociedad en la que desde todos lados nos dicen que el islam es el enemigo, desde una serie en la televisión hasta textos científicos sobre los que se estructura esta sociedad.

Hay que situar la islamofobia en un sistema colonial, el conocimiento que se produce dentro queda excluido cuando no pertenece a lo dominante. Ese colonialismo puede verse en las redes sociales, la actitud que tienen las personas blancas para “conocer” a las personas racializadas se sostiene en una supuesta superioridad intelectual. Cuando se dio el supuesto golpe de estado en Turquía todo el mundo necesitaba posicionarse, se quiere tener conocimiento de todo lo que sucede en el “mundo musulmán”, incluso mejor que las personas que allí viven. En el caso de Siria, cierto sector de la izquierda ahora cree saber más que una persona siria que ha tenido que huir del país.

Todos sienten legitimidad de hablar sobre ese “mundo”. Pongo otro ejemplo, hay aquí en Barcelona un acto sobre Marruecos desde una perspectiva marroquí y si miras a los ponentes que participan, no hay ni una persona de esa nacionalidad.

Hablamos de violencia machista contra las musulmanas. Las cifras muestran un fenómeno que se ceba el doble con ellas que con ellos ¿Por qué la islamofobia es sobre todo de género?

Como feminista musulmana te das cuenta que se nos instrumentaliza para poder decir: “ves que machistas son”. Cuando hablamos de islamofobia de genero nos referimos a que las mujeres musulmanas sufren más islamofobia porque ellas son más visibles, en una sociedad machista que inferioriza a las mujeres, se les considera más vulnerables y se les ataca más, esto son a su vez cosas que encajan en la violencia machista. Pero es que además, vemos cómo se instrumentaliza el discurso de género para fomentar la islamofobia. Se emplean retóricas de género para discriminar y excluir a las personas musulmanas y eso hace que en Occidente (entendido como construcción ideológica) piensen que aquí se está mucho mejor, que las mujeres están suficientemente liberadas y no tienen que luchar por su derechos pues ya los tienen, sino que deben luchar por los derechos de las pobres mujeres musulmanas.

Recuerdo un programa dedicado al acoso sexual en Egipto, me surgió la duda de por qué ir hasta Egipto para hacer un reportaje que se podría hacer aquí. Un comentario de una compañera de Red Musulmanas lo explicó muy bien: “¿Por qué ir hasta Egipto para hablar de acoso sexual si Pamplona está más cerca?”. Se da aquí una teoría desarrollada por Mohanty y que Sirin Adlbi aplica, la cual sostiene que el hecho de mostrar que ahí las mujeres están mal, da una aparente idea de que aquí están mejor, es una creencia que implica no moverse y si no nos movemos el poder está tranquilo.

El velo como elemento discursivo que simplifica la pluralidad e invisibilizar la realidad, usado por islamófobos, la izquierda e incluso ciertos sectores del feminismo ¿Reproducen algunas mujeres formas características del machismo?

Uno de los grandes éxitos de la islamofobia es el tema del velo. Es increíble la obsesión que tiene la gente, se ha convertido en un elemento esencial para todas las personas. Recuerdo que en una charla una chica me preguntó al respecto y le respondí que si para ella era importante que lo llevara, me dijo que sí y que le afectaba a su día a día.

Es cuestión de prioridades, nos han marcado que lo más importante en la cuestión del feminismo es el velo, hasta tal punto que grupos políticos y activistas reproducen ese discurso. La derecha marca los pasos, la izquierda entra y no sale, se pierde. Aquí se está reproducción esa relación sexista hacia las musulmanas, porque no se ha aprendido que el cuerpo de las mujeres es de las mujeres. No hay que olvidar toda esa parte racial y colonial, una mujer no musulmana se siente con legitimidad de reprochar la vestimenta de una musulmana. En otra charla, una chica del público me preguntó por qué llevaba velo, a lo que respondí que por qué ella llevaba pendientes, se ofendió, ella se sentía con legitimidad de preguntarme, pero yo no podía preguntarle a ella.

Consideramos el feminismo un movimiento crítico, pero lo que pasa con la islamofobia es que ese espíritu crítico se ve anulado, da igual de que colectivo estemos hablando. No es posible que personas tan críticas como las anarquistas se crean el discurso de los medios dominantes. El racismo epistemológico está muy arraigado, no hay que quedarse en los rumores, tampoco en los discursos, porque no son el problema sino las consecuencias. Hay que ir al origen y ese es una sistema que los reproduce.

Hay un circuito económico que permite mantener la producción del trabajo, en ese circuito no se habla del trabajo doméstico y de cuidados, que precisamente es el que permite el desarrollo de la sociedad. Yo me pregunto, cómo puede ser que no se haya conceptualizado esto. En la lucha feminista uno de los grandes logros ha sido acceder al mundo laboral, que ha supuesto a su vez infravalorar ese trabajo tradicionalmente de mujeres, cayendo en el “feminismo de la igualdad” con el que no estoy de acuerdo. Se tomó lo masculino como norma, como consecuencia las mujeres arrastramos una doble carga porque hemos accedido al mundo laboral, pero seguimos atadas al trabajo doméstico. Esto sucede por caer en inercias capitalistas, cuando lo que teníamos que haber hecho es arrastrar a los hombres al trabajo doméstico.

El patriarcados se manifiesta de diferentes formas pero la caracterización sexista y machista es algo que se asocia al islam. ¿A qué crees que responde este discurso?

Es curioso ver cómo se han modificado cosas que antes eran revolucionarias desde una concepción occidental del género. Antes se hablaba de una Europa puritana y de musulmanes hipersexualizados y ahora se dice lo contrario, que están reprimidos. Lo que ha pasado es que ha habido una reacción del sistema, como se estaba asimilando a Occidente se le ha dado la vuelta. En el Islam ya había aspectos para la liberación de las mujeres, pero vuelve a suceder que una vez más nos estamos asimilando a Occidente y de ahí se reacciona para decir que no debemos hablar de feminismo. Debemos tener en cuenta que viviendo en un sistema patriarcal, el feminismo surge como reacción, no sale de la nada. Si no hubiese patriarcado no haría falta feminismo.

Has comentado en otras ocasiones que el feminismo islámico es una redundancia y no un oxímoron como expresa el “sentido común” occidental ¿Para hablar de feminismo islámico hay que hablar antes de decolonialidad?

Si hablamos de feminismo islámico es porque hacemos una crítica al feminismo hegemónico que no nos representa, nos discrimina y considera que las musulmanas no somos mujeres y en caso de querer serlo debemos renunciar al islam. Surge de una necesidad intracomunitaria, dentro de la comunidad islámica, nos encontramos en un contexto actual en el que los aspectos de la liberación de la mujer musulmana no se han dado y que además se justifica la opresión de las musulmanas en base al islam.

El feminismo islámico es un concepto externo, las propias feministas islámicas no lo utilizamos, simplemente hablamos de islam. A mi me preguntan por qué hablo de feminismo islámico si lo que hago es hablar de islam, pero la utilización de esta etiqueta permite romper estereotipos, la gente escucha feminismo islámico y se marea. Volviendo a la decolonialidad, yo me pregunto si realmente podemos articularnos y hacer luchas juntas cuando hay una jerarquización y unos colectivos que no se dan cuenta de los privilegios que tienen y que esos privilegios nos inferiorizan, si no se dan cuenta no vamos a poder cambiar las cosas por mucha interculturalidad y discursos progres que hagamos.

El feminismo decolonial tiene diferentes frentes, por un lado que el feminismo nace en su propio contexto, no hay una forma ni un modelo neutro, a medida que las mujeres sienten la necesidad surge el feminismo. Por otro lado, están los hombres musulmanes que rechazan el feminismo porque dicen que es algo de Occidente. En medio nos encontramos nosotras que tenemos una doble lucha, una dentro de la comunidad islámica y otra en un Occidente que nos quiere liberadas, pero calladas.

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