“Es una revolución contar nuestras propias historias”

 

Lucía Mbomío / Sara Martín López

Lucía Mbomío es una efusiva joven española mestiza de padre guineano y madre española. Licenciada en periodismo, con un máster en Ayuda Internacional y Desarrollo y un diploma en Dirección y Guión de documentales en el instituto de Cine de Madrid. Lleva años dedicándose al activismo contra el racismo y el machismo, también colabora en la revista https://afrofeminas.com/.

Una apasionada del mundo de la comunicación, de la gastronomía y del viajar. Le entusiasma contar historias, conocer gente nueva y estar en constante aprendizaje. Le gusta tanto su oficio que incluso en vacaciones, se dedica a hacer cosas en relación al ¨maravilloso mundo de la comunicación¨, tal y como lo describe ella.

“Los medios de comunicación no solo deben informar y entretener, sino también atravesar fronteras, visibilizar y acercarnos a otras culturas”. Son las palabras de la periodista en el taller de Afroconciencia, “Nosotras contamos nuestras propias historias” que realizó el pasado 13 de mayo. Visionado del documental “Estás en tu casa”, uno de sus proyectos que le ha llevado a viajar a Palenque de San Basilio, Colombia, y contando con tan solo 48 horas grabó con su smartphone el documental protagonizado por el artista Gosry Edu. Consiguiendo transmitir a sus espectadores –que quedaron asombrados con el trabajo de Lucía- una de las realidades que ha vivido un pueblo que ha sido separado de su tierra para ser esclavizado. Trata de la esencia de África en Sudamérica, del primer pueblo que logró su liberación y su gran capacidad de resistencia.

¿Cuándo y por qué decidiste hacer activismo contra el racismo?

Desde que empecé a hablar. No me quedó otra. Si estás en el colegio y te insultan, te defiendes. Si te tocan el pelo y no quieres, lo dices. Si te preguntan que si manchas, explicas que no. Si pintan a un señor de negro y te dicen que es un rey mago, dejas de creer en ellos y haces boicot diciéndoselo a tus compañeritos de clase. Si no te dejan entrar en una discoteca “por ser de color” (parafraseo al portero de la discoteca), lo denuncias.

A nivel asociativo, empecé hace más de 15 años cuando, al regresar de estudiar en Portugal, país con altísima presencia afrodescendiente, decidí que me gustaría que mi país, España, se pareciera un poco más a aquello. Ojo, no digo que el país vecino sea perfecto pero hay un mayor conocimiento y recuerdo de su historia que se traduce en una penetración de las personas racializadas y/o de origen migrante, en todas las esferas, incluyendo la política (el Primer Ministro, Antonio Costa es un buen ejemplo de ello).

“No es que me parezca necesaria la diversidad racial en los medios, es que es lo justo y lo que se ajustaría a la realidad. España no es blanca, únicamente”.

En su trayectoria como periodista, trabajó de reportera en ¨Madrid Directo¨, (Telemadrid), pasó por un programa de Antena 3 en el año 2008, (Método Gonzo) y también estuvo en ¨Españoles por el Mundo¨ en TVE1. Después de una pausa vivió en el país de su padre, Guinea Ecuatorial y en Londres. Al volver de su peregrinaje, se incorporó al equipo de ¨En Tierra de Nadie¨, una serie de documentales sobre proyectos humanitarios para Movistar TV que le llevó a viajar a Camboya, Haití y Tanzania. Actualmente regresa de nuevo como reportera a TVE, esta vez en el programa “Aquí la Tierra”.

Lucía cuenta que desde muy pequeña manifestó su deseo de ser periodista, su padre era maestro y le enseñó a una edad temprana a leer. “Me encantaba leer, andaba todo el día entre libros. Si a eso le sumamos que un primo mío que estudiaba periodismo en Francia, Joaquín Mbomío, hacía algunas de sus prácticas de la carrera entrevistándome en un radiocassette. Me parecía apasionante todo lo que se le ocurría, lo dinámico que hacía el “programa” y la de elementos con los que trabajaba”. Sin embargo, confiesa que nunca imaginó que acabaría en la televisión.

A pesar de tu formación y años de experiencia a tu espalda, ¿la gente sigue poniendo en duda tus capacidades por tu color de piel?

El otro día, me contó mi tío que una vez, mientras yo estaba saliendo por la tele, un par de compañeros de trabajo estaban viendo el programa en el que trabajo actualmente. Uno le comentó al otro que yo era familiar de mi tío y el que no lo sabía dijo que “por qué me ponían a mí habiendo tantas chicas blancas guapas que podían hacerlo”. Es naif pensar que ese señor es el único que opina así.

Aprovecho para llamar la atención sobre el machismo que se desprende de sus palabras. Señala que para ser periodista hace falta ser guapa. Es como si yo digo que para ser médico (su profesión), hay que tener las manos grandes.  Por desgracia, algunos programas y cadenas se empeñan en privilegiar el físico sobre la formación o la experiencia, pero que se haga no significa que sea lo correcto o que deba ser así.

También me ha pasado que el endoracismo de algunos varones negros les ha hecho preguntarme “qué habré hecho para estar donde estoy”. Fruto de sus autoprejuicios son incapaces de pensar que yo haya logrado trabajar de lo mío por mi esfuerzo. Por supuesto, también hay machismo ahí.

¿Tienes alguna anécdota en algún trabajo que lo puedas relacionar con el racismo?

Un día un señor al que estaba entrevistando, paró en mitad de su respuesta para preguntarme de dónde era, cuando le dije que española, me contestó que no me preocupara porque a él le encantaban las colombianas. Mi padre es de Guinea Ecuatorial y mi  madre española. Colombia me parece un lugar maravilloso al que no me une ningún vínculo familiar, peeeroooo…

La periodista también señala la instrumentalización de las personas negras a la hora de salir en un medio televisivo ya que consideran darle un toque exótico al programa; “Recuerdo que en un casting al que me presenté me llamaban todo el rato como  una periodista mestiza que había estado ahí trabajando antes que yo. Tuve la sensación de que querían sustituir no a una profesional por otra sino a una chica negra por otra. MAL”.

“Es una revolución contar nuestras propias historias”

Hace cinco años, empezó  otro de sus proyectos; una novela llamada “Las que se atrevieron”. Entre las seis protagonistas, todas mujeres españolas blancas que se casaron durante el franquismo con hombres guineanos negros, la propia madre de Lucía. Narra la historia de cada una de ellas, de cómo estas mujeres se atrevieron a hacer frente a sus familiares, a la sociedad, y al racismo de esa época. Una época en la que había una menor presencia de gente negra en España que ahora. El libro se publicará el próximo 24 de mayo.

¿Cómo y por qué decidiste escribir una novela? A la hora de escribir tu novela, ¿por qué decidiste enfocarlo desde el punto de vista de las mujeres blancas españolas y no de los hombres negros guineanos?

Porque llegó un momento en el que la negritud ocupaba demasiado tiempo y espacio de mí. Me frustraba que mis amigas (casi todas blancas, salvo excepciones) no pudieran entender mi rabia ante ciertas situaciones y discutía con ellas, las excluía de algunos de los aspectos importantes de mi vida por esta razón. Antes leía muchísimo sobre el conflicto palestino/israelí, por poner un ejemplo,  luego pasé a centrarme casi en exclusiva en Douglass, Du Bois, Garvey, Morrison o Chuck D…

Un buen día, tras leer “Identidades asesinas” de Amin Maalouf, un libanés árabe, católico y residente en París, caí en la cuenta de que estaba autocercenándome. Yo no era, ni soy, sólo negra, soy mujer, soy mitad blanca, soy española, soy de Alcorcón, soy periodista, soy viajera, soy curiosa ¡y estaba girando en torno a un único eje!

Es más, sin darme cuenta, estaba negando a mi madre y una parte de mí. Siempre ensalzaba la historia de mi padre (ATENCIÓN: spoiler del libro) que, de niño, vivía en un pueblecito en mitad de la selva (en Guinea dirían “bosque”, selva lo dicen los que no son de ahí). Tenía que andar 20 Km sin zapatos para ir al cole y pese a esas dificultades, pese a ser un ciudadano de segunda, logró sacarse dos carreras y medrar. Pero es que mi madre fue una persona que estudió con becas y cuidando niños una carrera que, en su época, era sólo de hombres. No salieron más de 10 mujeres en su promoción.

Luego, decidió cohabitar y tener una hija con un hombre negro sin casarse con él (aunque se casaron más tarde). Su atrevimiento no residía en estar con él sino en enfrentarse a su sociedad por hacerlo (su padre, mi abuelo, era un señor de pueblo castellano y muy conservador).  El suyo y el de otras tantas mujeres, claro está y me apeteció rendirles un homenaje.

En tu libro hablas de términos como “parejas interraciales”, “multiculturalidad”, y del fetichismo. ¿Qué efecto tienen esos conceptos en la sociedad española actual que no tenían en la época en la que se conocieron esas seis parejas de las que hablas en tu novela? Hablas de la naturalidad en la que las mujeres blancas trataban con sus parejas negras, ¿no pasa lo mismo en las parejas interraciales actuales? ¿Había menos fetichismo en aquella época?

Mi sensación y, quizá me equivoque, es que sí. Era una sociedad menos abierta al mundo, con gente que viajaba menos o que no viajaba nada, sin internet, los límites del conocimiento eran mucho más estrechos que ahora y, pese a que existieran estereotipos, seguro, no tenía punto de comparación con la actualidad. Yo misma lo noto. Cuando era pequeña era la única no blanca en todos los sitios, una marciana “rica”, “salá”, “fíjate qué graciosa”, etc… Ahora, me leen como dominicana y como tal soy “x” “y” y “z” y cuidado porque éstas “x”, “y” y “z, pero, por otro lado son muy buenas en “x” “y” y “z” (codazo, guiño, codazo). Quiero decir, ahora se asocian prejuicios hacia comunidades, antes ni siquiera se contemplaba la existencia de dichas comunidades.

Pues igual con las mujeres que se emparejaban con esos hombres. La mayoría no había visto a un hombre negro antes de estar con sus parejas, ni tan siquiera había pensado en ello, así que no había fetiche posible. Guinea era territorio español pero estaba muy lejos.

Un día le pregunté a un tío abuelo que qué opinaba de la inmigración y me dijo que le parecía muy mal. Entonces quise saber qué le parecía mi padre. Su respuesta fue “tu padre no es inmigrante, tu padre es muy buena persona”.

Esta misma semana quise saber qué entendía mi madre por pareja mixta y me contestó “un hombre y una mujer”. Son grandes conceptos, nomenclaturas de las Ciencias Sociales y no tengo claro que la cárcel de las palabras haga que nos entendamos más que antes.

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