La Policía Nacional denunciada ante la ONU por agresión racista

Marcha contra el racismo en Madrid / Adolfo Lujan

Según la denuncia un agente de policía propinó insultos racistas y sexistas a tres afrodescendientes que han denunciado la agresión ante las Naciones Unidas.

Varios defensores y defensoras de derechos humanos denuncian que un agente de policía de la comisaría de Leganitos, situada en el distrito Madrid-Centro, propinó insultos racistas a Isabelle Mamadou, responsable de la ONG Movimiento por la Paz en la Comunidad Valenciana y primera representante española en el Programa para Afrodescendientes de la ONU. En la denuncia también se recogen los comentarios racistas del agente al activista y politólogo Ngoy Ngoma, presidente de Kwanzaa, asociación universitaria afrodescendiente y a la abogada defensora de derechos humanos, Esther Mamadou.

“Este agente bajó con brusquedad del vehículo, golpeó con la porra la bebida de uno de los identificados y le propinó un empujón”.

Los sucesos tuvieron lugar el pasado sábado 16 de septiembre en el madrileño barrio de Lavapiés, donde Isabelle, acompañada de representantes de diferentes organizaciones entre las que se encontraban SOS Racismo Madrid, Women´s link Worldwide, ACCEM y Kwanzaa, salían de comer y se detuvieron ante lo que parecía una identificación por perfil étnico. “Salíamos de un restaurante e íbamos a un curso de derechos humanos, ahí fue cuando vimos un coche de la policía entrar en dirección contraria, del que bajaron para identificar a unos chicos negros que estaban parados”, explica Ngoy Ngoma, quien asegura que se quedaron observando si se cumplián las mínimas garantías durante el proceso de identificación policial. Lo que sucedió después fue que “uno de los agentes agredió sin motivo aparente con una porra a un afro que estaba siendo identificado, bajo la mirada de testigos que transitaban por el lugar”, el agente que bajó con brusquedad del vehículo “golpeó con la porra la bebida de uno de los identificados y le propinó un empujón”, afirma Ngoma.

Explica el activista que en ese momento decidieron acercarse, sin embargo,  la policía quería que se marcharan, “por mucho que nos apartáramos nos decían que debíamos alejarnos más y más, como se estaba agravando la situación lo que querían era que nos fuéramos”.  Es ahí cuando el mismo policía que había propinado el empujón a uno de los jóvenes, le redujo de forma agresiva con ayuda de otros agentes. ”Entendimos que se estaba produciendo un abuso de la autoridad porque no se dió una reacción del joven identificado que de alguna forma explicara esa brutalidad”. Ante la violencia de la intervención policial, la responsable del Movimiento por la Paz, Isabelle Mamadou, se acercó para expresar su preocupación, motivo por el que el agente procedió a su identificación, acción que se repitió con Esther Mamadou y el miembro de Kwanzaa. El joven reducido fue introducido en una patrulla y llevado a comisaría.

El policía “llegó a calificar a la denunciante de ‘puta negra’ ante la pasividad de los demás agentes”.

“Los comentarios racistas comenzaron durante el proceso de identificación. Nos preguntó si íbamos a venir de nuestro país a decirle cómo tenía que trabajar. Le recordamos que éramos españoles pero a pesar de tener nuestros DNIs en la mano nos repitió varias veces que no lo éramos mientras realizaba burlas sobre nuestros lugares de nacimiento” afirma Mamadou en el comunicado de denuncia conjunto.

Según la nota comunicativa, varios testigos confirman que los tres españoles afrodescendientes sufrieron la agresión racista del policía que “llegó a calificar a la denunciante de ‘puta negra’ ante la pasividad de los demás agentes”. “Me dijo que si venía del Congo y de Tanzania a decirle cómo debía desarrollar su trabajo, yo le expliqué que era español pero continuó burlándose de mí”, comenta Ngoy, quien se lamenta del silencio de los demás policías antes las burlas e insultos racistas por parte del Policía Nacional, “cuando los demás agentes se quedan callados es porque comparten lo que hace este agente o porque no pueden controlarle”. Ante la reiterada negativa del policía a identificarse, los tres activistas rechazaron abandonar el lugar, al que finalmente se desplazó un superior de la comisaría.

Los agentes justificaron su actuación alegando entorpecimiento de la labor policial e iniciaron un procedimiento administrativo sancionador en virtud de la Ley Orgánica 4/2015 de Protección de la Seguridad Ciudadana, la Ley Mordaza, “cuya revisión ha sido solicitada en varias ocasiones por parte del Comité de Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación Racial por eliminar la libertad de expresión y excluir ciertas garantías judiciales entre otros motivos”, explican en el texto de denuncia.

Por primera vez en el Estado español se recurre al Grupo de Expertos sobre Afrodescendientes de las Naciones Unidas, creado en 2002 por la Comisión de Derechos Humanos, que serán quienes evalúen la denuncia interpuesta contra el Cuerpo Nacional de Policía y que tienen la capacidad para abordar el racismo institucional del que fueron víctimas los tres defensores de derechos humanos y ante el que el gobierno de España deberá responder.

Identificaciones racistas como cotidianidad

Para Ngoy las identificaciones por perfil étnico son parte de la cotidianidad, la última vez sucedió en la estación de Chamartín, desde donde se le llevó a comisaría por un supuesta falta de resistencia a la autoridad, “había cámaras que podían demostrar que eso no había sido así”, explica el integrante de Kwanzaa, por lo que “la denuncia nunca llegó”. Recuerda que la justificación que le dió la policía era que las personas como él “tenían más probabilidades para delinquir”. Explica que lleva quince años sufriendo cada cierto tiempo este tipo de identificaciones racistas que le “criminalizan” y colocan ante las demás personas como un “delincuente”. Sin embargo, este joven de 29 años ha sabido confrontar el racismo estructural que sitúa a la población racializada como sujetos sobre los que se ejerce violencia institucional, y que le ha permitido forjar su personalidad, empoderarse y resistir, “pueden agredir nuestro físico, pero no nuestra conciencia”, concluye.

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