La violencia obstétrica como violencia de género

Foto cedida por Silvia Agüero Fernández

La violencia obstétrica es violencia de género. Una violencia invisibilizada. Una violencia que deshumaniza el proceso reproductivo de las mujeres, su pérdida de autonomía, de libertad personal y una violación a los derechos fundamentales.

#Miparto #mylabour o #MiroBianipen (en romanó), han sido los hastags utilizados este 25-N para que aquellas mujeres que quisieran contaran cómo fue su parto y la violencia que sufrieron durante el mismo.  

Silvia Agüero Fernández, gitana y feminista, gestiona un blog familiar llamado ‘Pretendemos Gitanizar el Mundo‘ y ‘La Revolución de las Rosas Romaní’(I Rromani Rozenqe Revolùtia), un movimiento pacífico contra la violencia etno-obstétrica antigitana, reivindicando “especificidades que deben ser tenidas en consideración y escuchadas desde un punto de vista gitano” tal y como ha contado a Es Racismo.

“El antigitanismo como miedo de los poderes a que seamos muchos más y nos rebelemos”

Ya desde el embarazo aparecen los estereotipos gitanófobos que acompañan a las mujeres gitanas hasta que dan a luz. Uno de ellos es el de “reproducción excesiva” de la población gitana que, como confirma Agüero, “viene de muy lejos”. Esto genera aún más discriminación, ya no solo en hospitales y centros de salud, sino desde las instituciones, y señala “el miedo de los poderes a que seamos muchos más y nos rebelemos”.

Que a las mujeres gitanas que acaban de ser madres se les asignen las habitaciones más alejadas es una discriminación causada por otro de los estereotipos, el de que los y las gitanas reciben visitas “masivas”. Sobre este “protocolo invisible” habla Agüero, madre de cuatro hijos: “Pagamos nuestros impuestos y es tan justo que mi familia venga a verme al hospital como que venga la de otra mujer. Partiendo de la base de que la hospitalización y medicalización de los partos es un desarrollo del capitalismo, controlador y patriarcal”.

“Nosotras, las gitanas, hemos “aguantado” más tiempo pariendo en nuestras casas con nuestra familia, al igual que la muerte, que hasta hace bien poco nos negábamos a que nuestro familiar partiera en una cama fría de hospital”, explica. Y subraya que, “los cuidados a los nuestros es algo esencial, y aunque esté en el hospital somos nosotros mismos los que queremos hacerlos. Vamos, creo que es un derecho fundamental al que no entiendo porqué se le cuestiona”.

La edad de las embarazadas gitanas también es utilizada para menospreciarlas como futuras madres. Sobre esto, Silvia Agüero relata que “21 años tenía cuando parí y aun así me decían que era muy joven. Médicamente, con 16 años puedes concebir, tanto mental como físicamente. No lo digo yo que no sé de medicina, sino que mi comadre Mabel de las Heras, médico residente de familia, lo asegura”. Y añade que “lo que pasa es que esta sociedad prioriza la producción para el capitalismo. Además de que hemos llegado a un punto de infantilización brutal y con 30 años en la sociedad paya eres un “jovencito”. Los tiempos gitanos son diferentes”.

Hace un año la República Checa rechazaba la propuesta del Consejo de Europa de compensar de forma extrajudicial a las mujeres gitanas esterilizadas bajo amenazas entre 1966 y 2012. La impunidad en casos como este, así como la invisibilización a día de hoy de la violencia obstétrica contra las mujeres gitanas, perpetúa, ya no solo las esterlizaciones forzosas, sino que profesionales médicos “recomienden” la esterilización solo a gitanas.

“Los programas en los que aparecen ‘mujer’ y ‘gitana’ conducen implícita o explícitamente a planificación familiar”.

Agüero manifiesta que “se alían las diversas instituciones para continuar con la larga historia de la eugenesia y del control de las poblaciones, no vaya a ser que de repente se nos llene el mundo de gitanillas y gitanillos”.

Suecia o Eslovaquia son otros de los países europeos en los que durante décadas han llevado a cabo esterilizaciones forzosas a mujeres gitanas. Respecto a España, la responsable de la plataforma ‘La Revolución de las Rosas Romaní’ expresa que “todos los programas en los que aparecen ‘mujer’ y ‘gitana’ conducen implícita o explícitamente a planificación familiar”. Por lo que concluye, los “consejos” médicos y el trato sanitario y hospitalario en función de la etnia o la raza son racismo.

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