Locales de racismo nocturno

Por mjtrimble / pixabay

“Discriminación en discotecas: a mi hijo negro y a sus amigos magrebíes no les dejaron entrar en una fiesta para menores con la entrada ya comprada”, explica Carmen en un comentario en redes sociales, habla de la Discoteca Cocoa Mataró (Barcelona) donde pudo comprobar en la puerta “como tratan de manera despectiva a los menores, especialmente a los de color”, añadía. Motivo por el que interpondrá una denuncia administrativa desde SOS Racisme Catalunya, quienes lanzaron recientemente la campaña “El racismo sale de fiesta: así se aplica el derecho de admisión racista”, una experimento social que pone de manifiesto el racismo nocturno.

“No es racismo es tu vestimenta y/o tu corte de pelo”

El martes 5 de diciembre del 2017 siete jóvenes fueron a la discoteca Cocoa de Mataró, “cuando nos dispusimos a entrar avanzamos pero no dejaron entrar a tres de mis amigos” según explicó G., “a los demás si nos dejaron”. Uno de los que no pudo acceder es A. B. “hicimos cola y todo iba bien, pero al llegar a la puerta de entrada tanto a mi compañero negro como a mi y a otro amigo, que somos de origen árabe, nos denegaron el acceso”, al preguntar la razón por la negativa la respuesta del portero fue: “el corte de pelo”.

Carmen envió numerosos mensajes a la discoteca pidiéndoles una explicación, pero nada. A quien si contestaron fue a la Oficina Municipal D’Informació Al Consumidor de Calella donde ella acudió, en la respuesta no reconocen los hechos. Sin embargo, hay constancia de que al menos la madre de otro niño negro habría denunciado que le pasó lo mismo aquella noche en esa misma discoteca. En el perfil de Facebook del local hay numerosos comentarios de clientes que se quejan de haber sufrido racismo, “también tengo guardados publicaciones que después Cocoa ha borrado, clientes que se quejan de discriminación racial”, explica. En estos comentarios podemos leer mensajes como los siguientes:

“Qué vergüenza, un mes montando la salida, entradas anticipadas compradas, excursión de 100km para su primer día de discoteca y lo dejan en la calle con este frío por su color de piel. ¿Más de 60 alumnos y solo dejan en la calle a un muchacho de 16 años por ser mestizo?” escribía M. C. Y. en el muro de Cocoa Mataró.

Mientras que R. M. M. explicaba que le parecía “una discoteca nefasta, machista y racista, justamente ayer fui con unos amigos a pasar la noche y cuando íbamos a entrar vieron que uno de nosotros era marroquí, iba vestido igual que nosotros y simplemente por ser marroquí buscaron cualquier excusa para no dejarle entrar”.

Carmen comenta que cuando fue a buscar a su hijo aquella noche llamó dos veces a los Mossos d’Esquadra, “lo único que hicieron fue decirme que pidiese la hoja de reclamación sin acudir a la puerta de la disco y sin explicarme que tenían que ser tres hojas selladas”, sin esta información “el portero de la disco me dió una y no la sello ni la firmo”. Al día siguiente acudió a los Mossos de Pineda para denunciar, “me orientaron fatal y me dijeron que no se podía poner denuncia penal solo administrativa”, fue entonces cuando acudió al ayuntamiento y posteriormente a SOS Racisme. Según la normativa autonómica, por esta vía se podría abrir un procedimiento sancionador que va de 5.000€ a 50.000€, explica Alícia Rodríguez, coordinadora del Servei d’Atenció i Denúncia (SIAD) de SOS Racisme Catalunya. Sin embargo, comenta que “aunque alguna vez se ha iniciado, nunca se ha aplicado el procedimiento sancionador” durante los años que lleva ella en la ONG.

En municipios que superan los cien mil habitantes, les corresponde iniciar el proceso ya sea por vía administrativa o penal, esta última, a través del artículo 512 del Código Penal, que contempla condenas de entre 1 a 3 años. “Muchas veces desde el municipio no saben cómo actuar o a quien acudir, cuando deciden abrir una de las vías”, explican desde SOS Racisme, que el próximo lunes acudirán a un juicio contra la discoteca Boulevard por un caso de negación de acceso a un marroquí en el que el portero habría argumentado “mi jefe no quiere que entres”. Una proceso en contra de la empresa por la responsabilidad en la discriminación más allá de su personal. “El año pasado se consiguió después de años una condena por lo penal, pero se consiguió sobre todo por las agresiones y lesiones al afectado”.

Cocoa es una discoteca con un saco de quejas por racismo que en el año 2015 ya recibió un carta al lector denunciando el “Racisme a les discoteques” en la que se resalta que aquel 11 de octubre de 2015 “casualmente a todos los que no se dejaba entrar, eran negros”.

“¿Racistas? tenemos dentro gente “de todos los países”

Sara se encontraba por el centro de Madrid con sus amigas dudando en qué bar entrar cuando se les acercó un relaciones públicas del Dreams Club que les invitaba a chupitos si compraban la entrada que incluía dos copas, todo por 10€. Decidieron ir porque consideraban que era una buena oferta.

Mientras estaban en la puerta pagando llego una pareja racializada, “ella era latinoamericana y él tenía rasgos magrebíes”, su edades rondaban en torno a los cuarenta años. La pareja preguntó cuánto costaba la entrada cuando algunos de los amigos de Sara ya estaban dentro, justo era su turno de pagar cuando el portero les respondió: “hay que tener invitación y ya no se puede acceder”. Comenta la joven que se quedó impresionada ante la respuesta y preguntó al portero por qué hacía falta invitación si a ellos les habían parado por la calle para que acudieran.

“Tú a lo tuyo fue lo que me respondió el puerta”, recuerda Sara que por unos instantes se quedo sin entender nada. “Les dije que se trataba de una discriminación racista”, entonces comenzó una discusión en la puerta hasta que salió un supuesto encargado. La justificación de la persona que se identificó como tal era, primero, que ellos no eran racistas porque tenían gente dentro “de todos los países” y, segundo, que el portero tiene la potestad de decidir quién accede y quién se queda fuera. En este caso, el argumento del portero fue que se había impedido el acceso de la pareja porque se habían dado “casos de navajazos y peleas”, presuponiendo que esta pareja iba a ser violenta. “Me reí ante la absurdez de la justificación”, comenta. La pareja se había marchado antes de que se generara la discusión.

Por ahí pasaba la policía, Sara les contó lo que había sucedido y tras hablar con ellos pidió al local una hoja de reclamaciones, que rellenó y entregó. “Justo cuando nos estábamos yendo del lugar un relaciones públicas de un local cercano que estaba viendo todo lo que sucedía, se acercó y nos dió las gracias por lo que habíamos hecho”, nos contó que había trabajado en este local y que una de las instrucciones que recibía era que buscaran a “personas españolas y no a negros”. Sara se encuentra a la espera de la respuesta ante la entrega de la queja en la Junta Municipal del distrito.

“¿Racismo? eso son paranoias, le hemos confundido con otro”

También en Madrid, dos veces había ido a Kapital Light el hijo de Isabel, de padre negro y madre blanca, la primera vez le sacaron de la cola y le apartaron de sus amigos, sin embargo, el portero se lo pensó dos veces y le dejó entrar. La segunda vez, hace cuatro semanas, el portero le sacó de la fila de acceso al local y no le permitió acceder. El joven de 15 años llamó a su madre para contarle que le había sucedido, cuenta Isabel que le preguntó que por qué le habían sacado de la fila a lo que su hijo respondió, “mamá soy negro”.

Isabel que quiso saber la justificación por la que se le impidió a su hijo disfrutar con sus otros amigos, todos ellos blancos, que sí pudieron acceder, llamó al local donde no solo no reconocieron los hechos, sino que además le quitaron importancia e incluso, ante el aviso de interponer una denuncia Isabel recibió una llamada del local dos días después en la que llegaron a invitar a su hijo a “acceder al local de forma gratuita para que fuera otro día con un amigo”, explica. El responsable del local con el que habló Isabel achacaba las acusaciones de racismo a una paranoia. Se trata de una discoteca que ya en febrero de 1997 el PSOE acusó de impedir la entrada a negros. 20 años después, basta con poner en el buscador online “discoteca kapital racismo” para encontrar denuncias al respecto. Otra de las excusas que le dieron fue que le habían confundido con otro chico al que le tenían prohibida la entrada.

“Esta gente se ha cargado en dos minutos toda la enseñanza que yo le he dado a mi hijo en 15 años”, explica Isabel, quien quiere que se penalice al local por este trato discriminatorio. “Mi hijo me dijo que a todos los que sacaron de la fila tenían un mismo perfil, no hacía falta ser muy listo para conocer el motivo”, comenta que desde que tuvieron lugar los hechos el joven no para de preguntarse si las cosas que le suceden en su día a día son por el mismo motivo. Isabel está pendiente de presentar una denuncia.

El principal problema con el que se encuentran las personas afectadas es que no hay suficientes herramientas ni elementos para demostrar que sea una discriminación racista al no obtener una respuesta contundente por el personal del local, quienes dan excusas que dificultan el proceso de denuncia tanto administrativa como penal y que llevan a que se acabe archivando. “Los Mossos de Esquadra, que son quienes tienen competencia en esta materia, deberían presentarse en el local ante un posible caso de racismo, tomar acta e incluso actuar como testigos y si ven motivo de delito iniciar la vía penal”, explica Alícia Rodríguez, “es un protocolo que les corresponde y que la mayoría desconocen”.

Se recomienda pedir hoja de reclamaciones, rellenarla y una vez entregada, obtenerla firmada y sellada, en caso de negativa del local, llamar a la policía competente, quienes además deben levantar acta preguntando al portero. En caso de denegación de acceso de forma contundente y clara por motivos raciales, recoger el contacto de testigos.

El artículo 10 de regulación administrativa de espacios públicos aclara que el ejercicio del derecho de admisión no puede conllevar, en ningún caso, discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión o cualquiera otra condición o circunstancia personal. Sin embargo, este derecho se esgrime desde los locales para esconderse una motivación racista que muchas veces es difícil de demostrar ante el desconocimiento del procedimiento de denuncia, que pasa por solicitar las hojas de reclamación o llamar a la policía desde el mismo lugar, la falta de protocolos de las administraciones a la hora de denunciar y, otras veces, la falta de denuncias por hartazgo, por desconfianza en que prospere ese trámite o la impotencia de verse expulsado por lo que eres. La decisión de acceder a un determinado local a elección de un portero que obedece órdenes o que actúa reproduciendo un imaginario social, es otra de esas prácticas producto de la sociedad, en las que se participa cuando se es testigos y se mira a otro lado. Empecemos por cuestionar qué permite a una persona blanca poder entrar e impide que lo haga otra por ser negra o magrebí.

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