El racismo en el fútbol, un espejo de la sociedad

Grada del Rayo Vallecano con la pancarta “Eterno Willy”

A lo largo de los últimos años hay ejemplos de agresiones racistas fuera y dentro de los campos de fútbol que son tan accesibles como numerosos en la red. Recientemente se cumplía el tercer aniversario de la muerte de Wilfred Agbonavbare, “Willy”. Exjugador del Rayo Vallecano. Este portero nigeriano tuvo que aguantar gritos y cánticos racistas en muchos campos de fútbol de la liga española. En el Bernabéu aquel 6 de diciembre de 1992 su equipo ganó gracias a una actuación sublime. La reacción de la grada fue colérica, decidió descalificar a este guardameta, recordando que siglos de historia no habían sino solidificado el discurso colonial y racista. Era una forma de inferiorizar a quien les estaba venciendo con profesionalidad. Wilfred pisaría el estadio del Rayo por última vez en abril de 2011, durante unas jornadas contra el racismo organizadas por los Bukaneros.

En nuestra retina está aquel Barcelona-Villarreal del 2014 donde Dani Alves, entonces jugador del Barca, estaba a punto de ejecutar un saque de esquina cuando le arrojaron un plátano. Lejos de sentirse humillado, le dio un mordisco antes de continuar. Pero no era un caso aislado, un año antes, había recibido insultos racistas por parte de hinchas del Real Madrid durante un partido de copa en el estadio Santiago Bernabéu. Al final de aquel encuentro, explicó que la lucha contra el racismo en el fútbol era “una guerra perdida“, tras haber jugado durante una década en España, esto había “sucedido desde el primer día”.

“Hay racismo en los aficionados, es un racismo integrado, se piensan que pueden estar insultando durante 90 minutos y una vez acaba el partido pueden dejar de ser racistas”, explica Jacinto Elá Eyene, exfutbolista ecuatoguineano nombrado mejor jugador del mundo Infantil en la Nike Premier Cup de 1996 cuando tenía 14 años y autor de Futbol B: Lo que me habría gustado saber cuando era futbolista, y nadie me contó, sobre los aspectos extradeportivos que afectan a un jugador en su carrera deportiva. “Es su forma de desestabilizar al rival, pero es que no se puede separar de lo que sucede fuera del campo. Me he encontrado en partidos en los que me llamaban negro y al finalizar venía un aficionado a felicitarme por el partido y familiares me contaban que esa persona había estado llamando negro durante todo el partido”.

“No tienes apoyo de tus compañeros, te toca defenderte solo, porque a ellos no les afecta”

Elá, que jugó durante años en el fútbol base del RCD Espanyol de Barcelona y firmó por el Southampton FC de la liga inglesa antes de regresar a al fútbol español recuerda que lo más molesto era que sus propios compañeros no estuvieran involucrados, “te piden que te tranquilices, que no hagas caso y piensas ¿Cómo que no pasa nada, es que si subes ellos a la grada también me insultarían así?”. Comenta que cuando un jugador decide abandonar el campo por los insultos racistas se le trata de paranoico y no se le entiende, “no tienes apoyo de tus compañeros, te toca defenderte solo, porque a ellos no les afecta”.

¿Cuáles son esas agresiones racistas que hemos tenido durante las últimas semanas?

El 14 de enero, tras el encuentro entre el Levante-Celta, el colombiano Jefferson Lerma denunció insultos racistas por parte del jugador del equipo de Vigo, Iago Aspas. “Me llamó negro de mierda”, dijo Lerma, “se lo dije al árbitro (Álvarez Izquierdo), pero este dijo que estaba harto de protestas y no atendió mis palabras”. A través de la cuenta oficial del Celta en Twitter, el delantero de Moaña no solo negó los hechos, también alegó que fue Lerma quien le insultó. Añadió: “lo que se dice en el campo, se queda en el campo. Por ello no voy a reproducir lo que él me dijo a mí. En cualquier caso, yo no le llamé lo que él me atribuye”. Por último, y para salir de toda duda, Aspas compartió en Instagram una foto con su compañero sudanés, Pione Sisto, felicitándolo por su gol.

Unas jornadas de liga después, el defensa del Barça Samuel Umtiti criticó que Sergio García le llamó “negro”. Por su parte, el jugador del Espanyol explicó que en ningún caso su ánimo fue racista y para demostrarlo, siguiendo la tendencia de Aspas, añadió, “todos sabéis que mi mujer es de etnia gitana y que me crie en un barrio con todas las razas del mundo. Mi cuñado, también es afroamericano”. Esto nos recuerdó a Luis Aragonés, que tras llamar negro a Thierry Henry dijo que él no era racista porque había “convivido con negros”, “había tenido jugadores de todas las razas”, y hasta él era un “ciudadano del mundo”, lo sorprendente es que aquello le sirvió para reducir las críticas. Al igual que hizo Aspas, Sergio García recurrió a que la tensión del partido lleva a decir cosas que “deben quedarse en el campo”.

“No se queda en el campo, nunca”, resuelve tajantemente Elá. “Que puedas no llevártelo a casa depende de la fortaleza personal, es algo que acabas normalizando y desarrollas tus propias herramientas de defensa”. Saltar al campo de fútbol y no asumir que vas a ser objeto de insultos racistas es un privilegio que no reconoce este exjugador. “Hay homosexuales en el mundo del fútbol que lo esconden porque quieren jugar tranquilos, pero si eres moro, latino o negro no puedes esconderlo”, indica.

Para que se proceda a una investigación y posterior sanción, si así se resuelve, deben aparecer los insultos recogidos en el acta del árbitro que junto a sus asistentes deben tener constancia de lo que sucede en el campo. Es decir, sobre el equipo arbitral recae la responsabilidad para informar de incidentes de racismo. En caso de Jefferson Lerma, el jugador del Levante reconoció que lo había puesto en conocimiento del árbitro, pero que este no lo apuntó, tampoco lo hizo Gil Manzano. El Código Disciplinario expone que entrará de oficio solo si se recoge en el acta o en virtud de una denuncia oficial del equipo, algo inusual. Entonces actuaría el Comité de Competición. Este Código considera “muy grave” cualquier acto racista y recoge multas para el jugador infractor de entre 18.000 y 90.000 euros y de cuatro a diez partidos de sanción.

Según el diario As, el pasado 28 de enero, el derbi Cartagena-UCAM Murcia quedó marcado por “unos incidentes” en el tramo final, cuando Cristo Martín jugador, del Cartagena llamó “negro de mierda” a Ritchie Kitoko del equipo contrincante. El árbitro Yuste Querol, reflejó en el acta, a petición del delegado del UCAM que “Kitoko sufrió un ataque de ansiedad” como consecuencia de estos insultos.


“No queremos jugadores, jugadores de color, los queremos de Mareo y orgullosos de Gijón”, se escuchó durante el Sporting-Gimnastic, en ese mismo día. La Liga pidió a la Comisión Antiviolencia que estudie las publicaciones y los mensajes del grupo de los Ultra Boys de seguidores del Sporting de Gijón (a quienes se les achacan estos cánticos) y que se trasladen a Fiscalía, por considerarse constitutivos de delito de odio.

Un portavoz de la RFEF negó que fueran laxos contra el racismo. Afirmando que decir que hay un problema de racismo en el fútbol español es “una opinión subjetiva”.

Richard Fitzpatrick, en un reportaje titulado “Por qué el fútbol español necesita hacer más para combatir el racismo” recoge algunas de las agresiones en la Liga española antes citadas y otras. Como la que vivió el jugador ghanés Jonathan Mensah, quien pasó una temporada cedido en el Granada CF y tuvo que aguantar cómo las gradas contrarias le gritaban “negro de mierda” o le tiraban mecheros y botellas de agua. “Muerto de hambre” le gritaban los jugadores contrarios al marfileño internacional con Bélgica, Roland Lamah, durante su estancia en el Osasuna, sin que el árbitro lo incluyera en su acta. En este reportaje del Bleacher Report un portavoz de la RFEF negó que fueran laxos contra el racismo. Afirmando que decir que hay un problema de racismo en el fútbol español es “una opinión subjetiva”. Pero ¿Solo en España?

En la liga alemana, dos futbolistas del Mainz, el germano-nigeriano Leon Balogun y el nigeriano Anthony Ujah recibieron insultos racistas durante el partido contra el Hannover. Insultos acompañado de sonidos con los que imitaban a monos. El Hannover limitó estos insultos a “entre seis y doce personas que participaron en el incidente”.

Tan solo una semana después, Tony Henry, director deportivo del West Ham de la Premier League inglesa, afirmó que no quería jugadores africanos, porque no estaba de acuerdo con la actitud de los futbolistas de esta procedencia. “No queremos más africanos y él no es lo suficientemente bueno”, dijo en alusión a un jugador camerunés. Aclaró que no era racismo el hecho de vetar a africanos, sino que “algunas veces pueden tener una mala actitud. Descubrimos que cuando no están en el equipo causan caos”, sentenció. Unos días después, el club suspendió a su director deportivo y prometió una investigación completa sobre lo sucedido.

Balotelli necesita ser protegido”, alertó la organización de Fútbol contra el Racismo en Europa (Fare), reclamando que los árbitros apoyen al delantero del Niza de la Ligue 1 francesa en lugar de mostrarle tarjeta amarilla cuando se queja de recibir insultos racistas. Balotelli fue amonestado por el colegiado Nicolás Rainville cuando protestó por la actitud de los hinchas del Dijon. “Los árbitros permiten estas cosas. He vivido situaciones en las que otros jugadores se dirigían a él refiriéndose a mi como el “negro ese”, sin que el colegiado hiciera nada. Si tú insistes, te juegas la tarjeta amarilla, es como jugar maniatado”, explica Jacinto Elá quien opina que si los árbitros no incluyen en el acta las agresiones racistas es porque “tendrían que hacerlo durante partido de cada día”. Pero ¿Estas agresiones racistas se dan sólo en el fútbol profesional altamente mediatizado y con millones de ojos al acecho?

El domingo, 21 enero Tarekegne Asnake Wolde, del Colegio de Árbitros de Gijón, fue objeto de graves insultos racistas durante el partido de la regional preferente entre el Ribadedeva-Nalón, en Colombres, Asturias. Asnake Wolde también reflejó en el acta insultos machistas y sexistas sufridos por sus asistentes en las bandas. “Partido de mucha intensidad en un campo muy complicado. Centrarse en lo deportivo para seguir mejorando, el resto de lo escuchado hoy en la grada sobra del fútbol”, escribió en su cuenta de Twitter Dani Castelao, el entrenador del Nalón restaba así importancia a cánticos contra el colegiado que decían: “Que pena puta pena no se te pinchó la patera”. En un comunicado posterior el club explicó que “ningún directivo fue consciente de los insultos en ningún momento” y se vieron “sorprendidos” por el acta. “Los energúmenos no tienen cabida en nuestro equipo”, señalaron, indicando que no van a permitir que la entidad deportiva esté marcada “por comentarios racista o machista de algún malnacido”.

Comenta Elá que el racismo es algo que vives desde edades y categorías muy tempranas, hasta tal punto que lo acabas normalizando. “Durante la primera parte, desde la grada donde estaban situados los aficionados de La Creu, se dirigieron a dicho jugador durante multitud de ocasiones con dichos términos: ‘moro de mierda, eres un hijo de puta, vete a tu país”, fue lo que reflejó el colegiado en su acta durante el encuentro entre el Atlético Museros-La Creu Pobla de Farnals B. Este partido de segunda regional juvenil fue suspendido en el descanso por estos insultos que vinieron de “un grupo de aficionados de la Creu”, según el árbitro. Ese día los insultos tenían como objetivo al futbolista de Yemen, Harwan Alzubaidi. La Creu fue sancionado con el cierre de su campo durante un partido y una multa de 30€.

“Al llegar al vestuario, el chaval se derrumbó. También sus compañeros. Ver a un tío de 23 años (Lay, joven de Senegal) y cerca de dos metros llorando porque le habían dicho “negro de mierda” es muy triste, muy duro para todos los que le apreciamos”, explicó Francisco Silva, presidente del Isla Cristina FC tras el encuentro de Liga de la División de Honor andaluza del pasado domingo 4 de febrero. El mismo domingo que Lay lloraba en Sevilla de rabia e impotencia, otro jugador negro sentía la misma sensación en un duelo de la Tercera división riojana. Al término del SD Oyonesa-CD Villegas, un delantero del conjunto visitante, Christian Borikó denunció los hechos: “nunca había vivido algo así… que cuatro cafres de turno en la banda te estén llamando durante todo el partido “mono” es algo que no se puede permitir”. Borikó aseguró haber sufrido todo tipo de insultos racistas en el campo. “La próxima vez hablaré con el árbitro y que pare el partido”, Explicó a La Sexta.

“No hay término medio, eres racista o antirracista, ser neutral es ser racista, punto”

El pasado sábado durante el descanso del partido de Segunda División Andaluza entre a Los Cortijillos y Alma de África, Pedro Semedo, jugador guineano, fue agredido por un contrario. Semedo presentó una denuncia en la comisaría de la Policía Nacional de Jerez por la agresión sufrida en el túnel de vestuarios. Tuvo que ser trasladado al hospital de Algeciras donde recibió varios puntos de sutura en el labio por los puñetazos en la cara. En los micrófonos de la Ser contó lo sucedido y narró como en otras ocasiones había recibido insultos racistas en los campos de fútbol.

“El fútbol debería servir para combatir el racismo”, comenta Elá, “se trata de un deporte que incluye a mucha gente, porque no hay término medio, eres racista o antirracista, ser neutral es ser racista, punto”. Denuncia que desde los clubes y las instituciones deportivas están centrados en conseguir resultados y “no se hace lo suficiente para erradicarlo, el racismo en los campos no preocupa”, concluye.

Hay una tendencia tras este tipo de insultos racistas: culpabilizar a los ultras, a unos aficionados en concreto, ante una falta de reconocimiento de que el racismo está integrado y es tan cotidiano como el fútbol los domingos. Situar el racismo en un grupo de violentos exculpa y supone la no asunción de la realidad, y en consecuencia, no combatirlo de una forma efectiva. Se relativiza, se habla de “casos aislados”, de “hechos puntuales” y se pasa página. No obstante, el fútbol es una actividad presente en todos los hogares, de forma directa o indirecta, cuando ponemos el telediario. Es una actividad de masas que atrae a públicos de todas las edades, y mientras exista un solo caso es suficiente para exigir revertir esta violencia.

El Estado español tiene una relación secular con el racismo. Una relación que arrastra desde la expulsión de moros y judíos, precedida de una persecución al pueblo gitano que dura hasta nuestros días. En el contexto actual de crisis del capitalismo, vemos partidos políticos que canalizan la rabia e impotencia de una parte de quienes la sufren para culpabilizar principalmente a la población migrante, vemos a la Europa de los valores “universales y democráticos” abandonar a las personas refugiadas a su suerte condenándolos a muerte. Vemos cómo se construyen alambradas con cuchillas para evitar que lleguen. Como la situación de Catalunya ha supuesto una exacerbación del sentimiento patriótico y auge de partidos de extrema derecha que siempre estuvieron ahí y ahora campan con más permisividad si cabe, la complicidad de los ciudadanos, los medios de comunicación… vivimos en una sociedad racista, y el fútbol no escapa a esta realidad, más bien es el reflejo de la sociedad.

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