Mbaye, enésima víctima del racismo de Estado

Viernes 16 concentración contra el racismo institucional que ha matado a Mbaye / Sindicato de Manteros y Lateros de Madrid

“Le venían persiguiendo desde Sol, ha asegurado a El Salto una de las personas que han presenciado los hechos.”

Mame Mbaye Ndiaye no ha muerto. Él luchaba por sobrevivir, es imposible que muriera sin más. Lo mataron un 15 de marzo en torno a las 17h. Lo mató el racismo institucional y al menos dos de sus acompañantes se encuentran detenidos, testigos presenciales de lo sucedido. Si, lo ha matado el racismo institucionalizado que condena a quienes se han jugado la vida en una patera a tener que agarrarse a la manta para sobrevivir.

Mame Mbaye Ndiaye lo hizo. Se agarró a la manta cuando le perseguían para arrancársela. No quería perder su único sustento vital, su modo de supervivencia. Lo mataron, pero defendió su dignidad hasta el final, era su manta. Llevaba 14 años en España, donde llegó desde Senegal, un país expoliado por una Europa que expulsa a quienes por culpa del expolio son expulsados. Contaba 35 años y “era quien mediaba cuando había conflictos con la policía”, explica su amigo Mustafá. “Era un activista” y participaba en el Sindicato de Manteros.

“El hombre se desplomó después de una carrera que comenzó en la Plaza Mayor, donde se encontraba vendiendo perfumes con otros compañeros cuando fueron abordados por policías municipales. El vendedor fue uno de los que echó a correr y fue perseguido por los agentes, según detallan fuentes del Cuerpo Nacional de Policía a eldiario.es.

Mame Mbaye Ndiaye no murió. Él luchaba por sobrevivir. Igual que todos los manteros que como él se ven condenados a la manta. Llegan, otros no lo logran y mueren en el Mediterráneo o a consecuencia de unas pelotas de goma como en Tarajal, pasan a ser cifras de informes a través de los cuales nos rasgamos las vestiduras, pero lo justo. Llegan, algunos son encerrados en Centros de Internamiento de Extranjeros, humillados, torturados y después deportados. Llegan, esquivan la represión, pero viven bajo el hostigamiento continuo, la criminalización de medios y comerciantes, objetivo de políticas criminales y de una sociedad apática que los ha juzgado antes de conocer. Una sociedad cómplice. La Ley de Extranjería hace legal lo ilegal, es decir, despoja a seres humanos de su humanidad y permite su persecución, su explotación laboral, su confinamiento en “pequeños guantánamos”, permite su aniquilación.

“Una vecina de la zona que conocía a la víctima relató a Efe que dos manteros corrían delante de dos policías municipales en moto y uno de ellos se desplomó.”

NO, Mame Mbaye Ndiaye no murió. Como tampoco murieron Mohamed Bouderbala, Manuel Fernández Jiménez, Osamuyi Aikpitanyi, Jonathan Sizalima, Mohamed Abagui, Samba Martine, Idrissa Diallo, Aramis Malukyan, Lucrecia Pérez, Younes Slinanni entre otros muchos otros. Ellos luchaban por sobrevivir. Lo dejaron todo para vivir. Pero Europa los ha matado, el Estado español los ha matado ¿Hasta cuando vamos a seguir mirando a otro lado? ¿Cuándo vamos a decir que ya vale de este maldito racismo de Estado?

Fuentes de la Jefatura Superior de Policía de Madrid han reconocido que varios agentes habían intervenido contra vendedores en la calle.

Mame Mbaye Ndiaye no murió consecuencia de un hecho aislado, lo mataron los dispositivos racistas del Estado. Su muerte no es casual, sino consecuencia de un racismo estructural. Podría haber sido cualquiera de sus compañeros, a los que el Estado y la sociedad condenan por igual. Unos por acción, otros por omisión, por no cuestionarse el privilegio de su posición. Es por eso, porque podríamos haber sido cualquiera de nosotros, sujetos racializados/migrantes que Mbaye está en nosotros cuando resistimos la violencia racial. Por él y por todos, vamos a vencer a este Estado criminal.

(Mbaye) decía que ya no podía correr más. Pero siguió, porque no quería perder sus bolsas. (cuando cayó) Un amigo le quiso ayudar, para que no se mordiera la lengua pero los agentes le han empujado.

 

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