¿Quién tiene el privilegio de curar sus vivencias?

Manifestación contra el Racismo de Estado, 12-N / Najim Ouled

“Mi negritud no es ni una torre ni una catedral, se hunde en la carne ardiente del suelo, se hunde en la carne ardiente del cielo, agujerea la hartura opaca de su recta paciencia”,  Frantz Fanon.

 

Por Paola Cerviño y Youssef M. Ouled

 

Sufrir racismo resulta atractivo para algunos medios de comunicación ávidos de testimonios capaces de llegar a un público amplio a través de lo emocional. Visibilizar la violencia ejercida sobre las personas racializadas es necesario, pero a modo de denuncia que contribuya a concienciar y entender que para acabar con el racismo, hace falta reconocer que hay racismo. Sin embargo, la realidad es bien distinta, los medios de comunicación refuerzan un imaginario social que construye a quienes lo sufren como sujetos sin agencia a quienes se les “da voz” (sin cuestionarse por qué no la tienen), como objetos a los que exhibir, estudiar, describir… y el resto del tiempo son silenciados, cuando no victimizados o asociados al crimen y la violencia. Las malas prácticas del periodismo (y también de otros espacios) responden a unas lógicas que, como explicaremos a continuación, son profundamente racistas.

“Estamos haciendo un reportaje sobre islamofobia/diversidad/multiculturalidad y como vosotros trabajáis ese campo nos preguntábamos si tenéis musulmanas para entrevistar, a poder ser una con hiyab y otra sin, para mostrar también esa diversidad.”

Mensajes como este llegan habitualmente a Es Racismo desde prensa, televisión, o desde universidades. A veces nos han pedido “negros y negras”, lo que nos traslada a un ¿tenéis negros? que petrifica y nos recuerda los siglos de esclavitud y mercadeo de personas deshumanizadas e inferiorizadas con el fin de ser explotadas hasta la extenuación. Utilizar la palabra  “escaparate” o incluso “zoo” para describir estas prácticas no sería descabellado, pues se asocian a la imagen de estar expuestos al resto del mundo como casos raros, exóticos…”mirad este negro, este moro, esta latina…mirad qué les sucede”.

Esta demanda de no se limita a los medios de comunicación o a la Academia, sino que también va dirigida en ocasiones a la instrumentalización de esas vivencias en mesas, debates, congresos, exposiciones…experiencias que quedan relegadas a la postura de lo testimonial. En la mayoría de los casos, se trata de profesionales de la prensa y de las universidades, también de asociaciones “antirracistas” que presentan un proyecto “integrador, diverso…” y necesitan “colorear” sus mesas y validar la razón de la presentación de un proyecto, un producto. Ese tipo de actos nos gritan: “Nosotros ponemos el conocimiento y vosotros las vivencias, no tenéis otra cosa que aportar”. Perpetuadores del racismo y estigmas perpetuados.

Somos migrantes y racializadas, personas atravesadas por un constante racismo social e institucional que nos obliga a conocerlo y estudiarlo para poder enfrentarlo. Esta concienciación nace de experiencias traumáticas que nos hacen desechar el mito de la integración. Lo que nos coloca en una postura de continua pedagogía, explicar qué es el racismo, cómo actúa y quién lo ejerce. Es la lógica de un sistema que primero nos violenta y luego nos exige explicar cómo lo hace. El hecho de ser protagonistas de la violencia que nos atraviesa no justifica que debamos hacer pedagogía gratuita para personas cuyo privilegio les permite vivir ajenos y sin preocupación. Por eso denunciamos esas entrevistas que nos piden explicar ¿qué podemos hacer (nosotros los blancos)? ¿se integran vuestras comunidades? ¿y el problema de la inmigración? ¿y el problema del racismo?… todas ellas preguntas que nos han llegado. ¿Qué podéis hacer? Bien; para empezar, podéis dejar de preguntar a quien está desposeído de poder y preguntaros a vosotros y vosotras mismas, qué es a quiénes privilegia este sistema de dominación.

Rechazamos la integración en un sistema que nos niega, nos dispara pelotas de goma, encierra en guetos, nos criminaliza en las escuelas y en las calles… no queremos integrarnos en un sistema que nos pide la “desintegración”. Necesitamos un cambio de paradigma donde se entienda que el racismo es un problema de las persona que lo ejercen y no de la personas racializadas*. ¿A quién se le ocurriría considerar que el machismo es un problema provocado por la mujeres cuando es a ellas a quienes mata? El racismo, como el patriarcado, está institucionalizado, y no se entiende sin la materialización de esa superioridad.  “Sin las instituciones el racismo no es más que un prejuicio que almacenamos en nuestras cabezas”, explica el profesor Ramón Grosfoguel, al multiplicar su efecto en la manifestación del racismo social y resume en una frase: “no hay racismo sin instituciones que ejerzan el racismo sobre los grupos sociales”. Por esto mismo, no puede existir el racismo antiblanco. Ya sea a través de leyes migratorias, vallas y concertinas o leyes que permiten encerrar en CIEs, las redadas racistas, deportaciones, estigmatización y vigilancia del alumnado musulmán en las aulas, la discriminación laboral… sin ese control, sin esa persecución y criminalización constante no se puede entender el racismo.

Somos noticia, portadas, material de propaganda política, historias de la prensa carroñera dispuesta a abrir nuestras heridas para sangrarlas sin escrúpulos.

Los nadie
Condenados en todas partes, fuera de lugar en todos los lugares, expulsados de tierras colonizadas y saqueadas, obligados a ser los visitantes no invitados en tierras de quien nos expulsó. Hoy habitamos en la periferia como único lugar donde no estamos fuera de lugar. Somos noticia, somos portadas, somos material de propaganda política, somos las historias de la prensa carroñera siempre dispuesta a abrir nuestras heridas para sangrarlas sin escrúpulos. Pero también somos la voz que nadie quiere escuchar, porque traemos ruidos distantes de una realidad que avergüenza, que molesta, que no se asume, ni se ve ni se quiere ver.

Nuestras vidas se han convertido en historias que contar solo si tienen algo que “vender”, pero cuando están vendidas, todo lo que trasciende a la noticia es superfluo. No interesa, no agrada y no se escucha. La idea pública que se genera de las personas migrantes/racializadas es un trabajo de fondo donde los medios han tenido un papel clave: Nosotros (europeos y blancos) y Ellos (no europeos), el ser y no ser fanoniano donde ese Nosotros tiene derecho a tener derechos, donde Ellos son ese Otro que no tiene derechos porque se pone en duda su humanidad. Un Otro en el que se vuelca lo que no se quiere para Occidente. Así se crea la diferencia y se genera el rechazo, así se justifica la violencia. Nos gritan: “machistas, sexistas, salvajes, incivilizados, atrasados, no os integráis. No sois como Nosotros”. Ese Otro es peligroso. Y las entrevistas que nos hacen, los titulares que nos atribuyen y las preguntas que nos plantean parten de esos prejuicios y paternalismos rancios que nos construyen.

Molestamos, traemos el recuerdo de sus crímenes.

Pero no es suficiente con un miedo generalizado e incontrolable donde sólo ese Nosotros demuestra la capacidad de ejercer control sobre este peligroso “enemigo”. Se propaga el miedo y se vende la seguridad. Tenemos al enemigo en casa nos dicen los mismos medios que un día “nos dan voz” y al siguiente nos criminalizan. Entonces, convertidos en portavoces de lo institucional, propagan sus discursos: “hacen falta muros, fronteras, Centros de Internamiento, redadas por todo el estado para meter en un vuelo de deportación a cualquiera de los individuos de las excolonias. Hagamoslos desaparecer de nuestra vista, molestan”. Molestamos, traemos el recuerdo de sus crímenes. Así, el poder se hace visible y airea su autoridad y, mientras tanto, nos estudian y los medios venden nuestras vidas.

Nos diréis: “entonces caéis en vuestra misma trampa cuando desde Es Racismo exponéis todas esas vivencias”. Sin embargo, en esta web somos las mismas personas que vivimos y sufrimos la violencia racista quienes las sacan a la luz. No somos meros investigadores estudiando, tampoco periodistas que ven una realidad sin llegar a entenderla. Esto nos permite expresarnos sin caer en el sensacionalismo mediático, superficial y cruel que reproduce lógicas racistas para satisfacer las exigencias de un mercado despiadado e insaciable. Nos comprometemos con las vivencias que nos llegan, porque también las hemos vivido y sabemos que todas ellas se enmarcan en un macrosistema que las legitima, nuestra denuncia es contra las instituciones, contra la estructura que las legitima.

En una sociedad donde el código moral de los medios de comunicación brilla por su ausencia, nos presentamos como un espacio de lucha y resistencia donde nuestras voces, dignas y libres, invitan a pensar y re-pensarnos como personas inmersas en este inconsciente colectivo plagado del racismo y su violencia.

 

* El hecho de que utilicemos el término “racializados” para designar únicamente a los sujetos sujetos post-coloniales demuestra que la raza es a menudo concebida fuera de cualquier relación social. Por lo que, si los sujetos post-coloniales son racializados, los blancos lo son igualmente. Ellos representan una raza social, dotada de privilegios sociales. En consecuencia, no hay racializados, sino más bien un proceso de racialización que constituye a los sujetos post-coloniales y a los blancos. Así, nuestra condición racial es inseparable de la cuestión del poder, la del Estado que determina políticamente la existencia de privilegios raciales.” Selim Nadi “¿Qué es la lucha de razas sociales?” en 1492, Por un antirracismo político.

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