El chollo de trabajar de interna en España

#RompiendoRumoresRacistas es una campaña antirrumores que tiene como objetivo desmontar los prejuicios y estereotipos que se construyen en torno a las mujeres migrantes, promovida por la ONG Alianza por la Solidaridad con la participación de otros colectivos. “Trabajar de interna es un chollo” es el primer video de esta campaña enmarcada en una labor de meses que tiene como fin fomentar la implicación de la población en la lucha contra el racismo a través de la formación de agentes antirrumores que hagan frente a clichés con los que se relacionan a las personas migrantes.

¿Es un chollo trabajar de interna? “Es un trabajo que emplea principalmente a mujeres sin documentación, porque no les queda otra alternativa, es un trabajo que solo te permite unas horas libres a la semana”, explica Edith Espinola del Servicio Doméstico Activo (Sedoac), una asociación integrada en su mayoría por mujeres migrantes y que lucha por los derechos de las mujeres trabajadoras de hogar en España. “Eres la primera en levantarte y la última en acostarte. Por mucho que te dicen que eres de la familia, no lo eres, eres la que limpia, la que cuida a los niños, a los animales y cuando no te necesitan te despiden porque no hay ninguna ley que nos proteja, los horarios laborales no se cumplen, te quedas hasta las horas que te digan, es una forma de servidumbre y explotación propicio para el abuso. Es una esclavitud moderna”, denuncia.

Desde Sedoac, para este 1 de mayo les gustaría recordar que dentro de la precariedad laboral que existe, las trabajadoras del hogar se encuentran cinco pasos atrás, porque a pesar de cotizar en la Seguridad Social no tienen los mismos derechos que los demás trabajadores, “no hay derecho al paro, sin una ley de riesgos laborales a pesar de que trabajamos con productos tóxicos, cuidamos a personas enfermas que pueden contagiarnos, cuidamos animales que pueden morder, sufrimos maltrato, acoso y abuso. Además, tenemos 30 días de vacaciones de los cuales solo podemos disfrutar 15, los otros nos dicen los empleadores que días podemos irnos. Nunca cotizamos sobre el salario real, sino que lo hacemos por tramos, que si superamos ya no se tiene en cuenta para nuestra jubilación”, explica Espinola.

Estas problemáticas y dificultades de las mujeres migrantes también se recogen en el reciente diagnóstico Mujeres migrantes como sujetos políticos. Creando estrategias frente a las violencias, elaborado por expertas migrantes para Alianza por la Solidaridad y financiado por el Ayuntamiento de Madrid. Un informe que otorga una especial importancia a la cuestión del racismo social e institucional definido como un elemento estructurador de las relaciones de poder y jerarquización de la población. “El diagnóstico fue la primera parte de un proyecto con mujeres migrantes en la ciudad de Madrid, donde se abordó su situación, cuales son las dificultades y a su vez proponen cómo hacerles frente”, explica Julissa Jáuregui, técnica en migraciones de Alianza por la Solidaridad. Un informe que contó con 23 organizaciones y la participación de 61 mujeres. Tras la publicación iniciaron unos talleres para fortalecer su propias organizaciones, de ahí surge el video.

“Las personas empleadoras son dueñas de tu vida”

Una lucha unida a otra, contra el racismo en el día a día, mujeres migrantes en un trabajo totalmente feminizado, que además de hacer frente a una realidad que viene condicionada por el color de piel o su religión, luchan contra un mercado laboral que limita sus derechos. La Ley de Extranjería es la institucionalización de esta desigualdad, obliga a personas migrantes a estar tres años en situación irregular para, a través de un complejo proceso de arraigo, poder regularizar su situación. “Es una ley con trampa que te exige tener un contrato laboral, pero te prohíbe trabajar, entonces tienes que trabajar sin alta para conseguir esa documentación, sin protección, sin derechos, sin atención sanitaria. Hay una chica que trabaja de interna y su empleadora le dice que solo se puede duchar una vez al mes, que si quiere usar el agua caliente lo pague aparte”. Es una situación de bloqueo, que vulnerabiliza y que cambia poco una vez regularizada la situación, “teniendo una situación regular tienes que cumplir unos requisitos para renovar, de tal forma que si estas sin contrato no puedes renovar. Una vez que solicitas tu primera tarjeta de residencia no puedes cambiar de trabajo durante un año, las personas empleadoras son dueñas de tu vida”.

Mismos derechos que cualquier otra trabajadora

En junio de 2011 la Conferencia Internacional del Trabajo (OIT) adoptó el convenio nº189 sobre las trabajadoras y trabajadores domésticos, para establecer unos derechos básicos en el sector que permitieran una protección adecuada, pero en febrero de 2013 el Gobierno español propuso al Parlamento su no ratificación. “El Gobierno lo hizo porque supuestamente las leyes que hay en España son mejores que las que propone la ratificación, yo me pregunto en qué son mejores, nosotros no lo sabemos”, señala Espinola. Lo que supone no equiparar sus derechos al resto de las trabajadoras. Negando así el derecho a la prestación por desempleo o incluso la falta de inspecciones para controlar las condiciones en las que son empleadas. “Esto se traduce en que no estamos dentro del régimen general como el resto de trabajadores, somos mujeres de una categoría inferior, en una lucha en la que no nos sentimos apoyadas”.

“Un mecanismo que te bloquea para que no avances y hagas esos trabajos”

Además hacen frente a la no homologación de sus estudios, de manera que en territorio español son relegadas automáticamente a oficios que no corresponden con su nivel formativo, servicios domésticos y de cuidado o limpieza. En España casi 700 mil personas trabajan en el ámbito doméstico (el 90% mujeres). Según la OIM para el año 2015 la primera ocupación de las mujeres migrantes extracomunitarias fue el servicio doméstico, prácticamente una de cada tres trabaja en el sector. Sumándole las que trabajan como auxiliares domiciliarias, la principal ocupación de las migrantes son los trabajos domésticos y de cuidados. “Tienes un título que no se tiene en consideración. Yo soy licenciada en administración de empresa pero para homologar mi título me piden volver a cursar la carrera. Es un mecanismo que te bloquea para que no avances y hagas esos trabajos. Hay una compañera médica especialista en el cuello uterino y no puede homologar su título”, comenta Edith.

Erika, presidenta de Casa Colombia, organización que lucha para que se pongan en práctica los derechos de las personas migradas, explica que “para buscar empleo en lo que una estudia exigen el título, pero puedes estar mucho tiempo para realizar el proceso de homologación, mientras tanto tienes que buscar un empleo y normalmente es el de cuidados o de hogar que nada tiene que ver con tu formación”. Comenta que muchas personas ante la cantidad de trabas que supone la homologación simplemente desisten. “Cuando se consigue lograr la equiparación”, añade, “ha pasado tanto que en el mercado laboral se te señala el tiempo transcurrido sin haber trabajado en lo tuyo”. Ella lleva 10 años en España y hace uno y medio que ha solicitado la homologación de sus estudios, “muchas veces piensas que una vez lo consigas podrás cambiar tu situación, pero aún con la convalidación la mirada que se tiene sobre quien se ha formado fuera, es de arriba abajo, pensando que el nivel académico es inferior. Te preguntan si eres profesional. Es una actitud de rechazo”. Recuerda cuando entregó su currículum en una academia que se negó a aceptarlo porque “no hablaba el español de aquí”.

Las condiciones nombradas generan un espacio de abuso y arbitrariedades que se suma a la incapacidad de las trabajadoras para poder conciliar la vida familiar y laboral, porque prima la necesidad vital de asegurar ingresos. Otro rumor que impera es que las mujeres migrantes no participan en la sociedad porque no les interesa. Se trata de uno de esos relatos construidos sin atender que lo que impide la participación son las condiciones de explotación laboral, unas jornadas extensas de trabajo, la no disposición de una situación regular que permita acudir a una manifestación o una huelga sin miedo a ser identificadas por la policía y que repercuta a la hora de renovar la documentación -en caso de poseer NIE, porque en caso de no poseerlo te enfrentas a ser encerrada en un CIE y una expulsión del país-, o la imposibilidad de participar porque las actividades en cuestión no tienen en cuenta sus horarios.

“Hemos venido a solventar el problema de la sociedad española”

“La empleada del hogar no es considerada como trabajadora, es la chacha, la que ayuda. Las mujeres migrantes hemos venido a solventar el problema de la sociedad española como es el cuidado de sus hogares, de sus mayores a los que no dedican tiempo ni cariño, cubrimos las necesidades de cuidados pero también de amor” comentan desde Sedoac, con su trabajo sostienen la vida de los demás. Si ellas paran, se para la economía. “Es cierto que la mujer se ha liberado para abrirse camino en la igualdad pero no se tiene en cuenta el trabajo que ha permitido hacerlo, que es el de las mujeres empleadas de hogar”. Una labor que tiene un gran coste personal, “la pérdida de contacto con nuestra familia, sin tiempo que dedicarles, mujeres que se van con sus hijos dormidos y regresan a casa cuando están dormidos. No nos permiten conciliar la vida laboral y familiar porque nos arrancan la posibilidad de educar y acompañar a nuestros hijos e hijas. Es un problema que solo tiene una solución política”, sentencian.

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