Violaciones en los campos

Campos de fresa en Huelva / Flickr: tinydancerlili

 

Texto traducido por Najim Ouled

Una investigación de la revista alemana CORRECTIV en cooperación con RTL Nachtjournal y BuzzFeed News*. El reportaje ha sido realizado en los campos de fresa de Huelva, en el se describe un auténtico infierno para las trabajadoras del campo de Huelva principalmente marroquíes.

Gran parte de las fresas que se comercializan en los supermercados europeos provienen de la región española de Huelva. El abuso sexual a las trabajadoras está muy extendido.

Acoso, insultos y vejaciones, violaciones este es el día a día de las miles de mujeres que trabajan en los campos de tomate y fresas en España, Italia y Marruecos. Los vegetales y las frutas que ellas cultivan se venden en los supermercados alemanes y por toda Europa. La primera parte de nuestra investigación [de un total de tres reportajes] se centra en los abusos sexuales a las trabajadoras en España, Marruecos e Italia.

Es 3 de Mayo de 2017, en un café en la ciudad sureña de Palos de la Frontera, Huelva. Kalima decide tomar una decisión que cambiará su vida. A su alrededor la gente habla, están almorzando. Trabaja en un campo de fresas a pocos kilómetros de distancia y allí la vida es un infierno: no hay cocina, ducha una vez a la semana, una única habitación donde duermen seis mujeres. Luego está su supervisor, Abdelrahman, un hombre marroquí. “Viene por las tardes”, dice.

“Tiene el número de teléfono de todas las mujeres”. Las fuerza a tener relaciones sexuales con él. Una mujer cada noche. “Cuando dices que no, te castiga en el trabajo”, dice ella. Kalima tiene miedo de su supervisor, quien no ha sido acusado de crimen. Por ello el nombre de Kalima, el de su supervisor y el de su jefe han sido cambiados. Ha estado aquí desde marzo y ya no tiene nada más que perder. Regresará a la granja una última vez.

Hostigamiento, violaciones, chantaje, violencia física e insultos y vejaciones por parte de sus superiores.

Ese día en el restaurante, Kalima decide denunciar la violación, lo que la convierte en una excepción. Estas mujeres suelen permanecer calladas por el miedo a perder sus trabajos, lo que dificulta notablemente comprender la magnitud del problema. Su silencio se perpetúa por una sociedad civil y  un sistema judicial que hace poco o nada por ayudarlas. CORRECTIV habló con decenas de trabajadoras en la región, la mayoría marroquíes, que informaron haber sufrido hostigamiento, violaciones, chantaje, violencia física e insultos y vejaciones por parte de sus superiores.

Palos de la Frontera es una ciudad que se ha enriquecido con las fresas. En torno a un 80% de las importaciones de fresas de Alemania provienen de la región de Huelva, en Andalucía. Bajo un mar blanco de invernaderos de plástico se producen más de 300,000 toneladas de fresas al año, lo que convierte a Andalucía -llamada la California de Europa- en la mayor productora de fruta de Europa.

Con España padeciendo aún los efectos de la crisis económica, el llamado “oro rojo” se presenta como  una promesa/oportunidad de estabilidad financiera y de empleo. En 2017 las exportaciones de fresas supusieron casi 600 millones de euros, según datos de la Federación Española de Productores Exportadores de Frutas, Hortalizas, Flores y Plantas Vivas (FEPEX). El presidente de la asociación Freshuelva, Alberto Garrocho calificó 2017 como “la mejor cosecha de fresas en 40 años”.

Los lugareños, sin embargo, no quieren hablar del negocio con la prensa. Las organizaciones comerciales de la región, como Freshuelva, y el Departamento de Agricultura y Pesca del Consejo Andaluz no respondieron a las cuestiones que CORRETIV planteó de forma reiterada.

“Todo el mundo conoce los abusos, pero nadie habla”, sentencia Pastora Cordero Zorrilla de la Confederación Sindical de Comisiones Obreras (CCOO) en un comunicado.

Los trabajadores la llaman la casa de las mujeres que lloran. Ubicada en un laberinto de cientos de invernaderos, separados por trincheras llenas de fango, allí es donde se ha abusado de Kalima. Alrededor de un centeneras de mujeres de Marruecos y Rumania viven allí, levantándose temprano para coger cajas llenas de fresas mientras la niebla se cierne aún sobre los campos.

Nadie se atreve a hablar con los periodistas cerca de  la casa. Dos trabajadores marroquíes vienen a una granja cercana, donde tienen amigos, para no ser vistos con extraños. Cierran la puerta de la cocina y observan detenidamente desde la ventanilla. Sabiha lleva trabajando en los campos desde comienzos de marzo. El jefe de la empresa, dice, es “cruel y sin corazón”.

“Juan”, dice con rabia su nombre, “grita porque hablamos en marroquí, porque no sabemos español. Nos insulta constantemente”. A veces, dicen Sabiha y sus compañeras, no se les permite ducharse durante toda una semana. Con temperaturas que exceden los 40 grados durante el verano y el durísimo trabajo en los campos, “es una pesadilla”.

“Es un infierno en la tierra”

No puede parar, dice ella, ni siquiera cuando la espalda le duele de tanto agacharse para recoger las frutas. “Me dice que siga llenando más cajas de fresas, más y más”, añade Sabiha. Juan golpea y patea repetidamente a los trabajadoras, nos cuentan. Las lágrimas brotan de los ojos de Fátima cuando habla de ello. “Es un infierno en la tierra”. Sabiha teme represalias por parte de su jefe, por eso se ha cambiado su nombre.

CASADAS Y ANALFABETAS

Hay una necesidad creciente de mano de obra barata en Huelva. Viniendo de regiones de Marruecos donde el trabajo escasea, Kalima, Sabiha y sus compañeras vieron la oportunidad de trabajar en España como una vía de escape a la precariedad económica. La jornada, que comienza a las 6 de la mañana, no se interrumpe hasta el almuerzo, para reanudarse de nuevo por la tarde. No ganan más de 30 euros al día. Las empresas no compensan a las trabajadoras por mal tiempo, reducción temporal o por razones totalmente arbitrarias, como sanciones por errores en el trabajo.

Los intentos de CORRECTIV para tratar la violencia contra las mujeres con las organizaciones como Cruz Roja, Cáritas o las organizaciones de mujeres Huelva Acoge y Mujeres en Zonas de Conflicto no tuvieron éxito.

Estas mujeres afirman haber sido abandonadas por las instituciones locales, por los sindicatos y por asociaciones de derechos de las mujeres. En las entrevistas, las organizaciones locales de derechos de las mujeres mostraron desconocimiento e incluso negaban los hechos. Los reiterados intentos de CORRECTIV para tratar la violencia contra las mujeres con las organizaciones benéficas locales como Cruz Roja, Cáritas o las organizaciones de mujeres Huelva Acoge y Mujeres en Zonas de Conflicto no tuvieron éxito.

Acceder al sistema judicial parece imposible porque estas mujeres no hablan español y resulta muy difícil probar los abusos frente a un tribunal. Al ser preguntados por cualquier dato estadístico o investigaciones en curso sobre violencia sexual y abusos, un policía local en Palos de la Frontera respondió: “el abuso sexual no es algo de España”.

Por ello, pocos casos han sido llevados a juicio. La Audiencia Provincial de Huelva, en abril de 2014, declaró a Martín, Carlos Ramón y Ambrosio culpables  de “atentado contra la integridad moral y acoso sexual”. Los documentos judiciales, sin embargo, no proporcionan los apellido de los perpetradores. Las víctimas, trabajadoras marroquíes que trabajaron para Martín en 2009.

Los documentos judiciales indicaron que Martin, Carlos Ramón y Ambrosio insultaban a las trabajadoras con frases como “Putas, os enviaremos de vuelta a Marruecos. En vuestro país os moriréis de hambre” (sic).

Las trabajadoras estaban obligadas a orinar en el campo y, a veces, recibían agresiones por parte de los hombres. Una de las trabajadoras, Inmaculada, recibió un golpe en las piernas con una barra de hierro. Se les exigían “favores sexuales” si querían mantener sus trabajos.

Tasa de aborto en Palos de la Frontera es muy elevada y la mayor parte entre mujeres migrantes

Además, hay otro indicativo: la tasa de aborto en Palos de la Frontera es muy elevada y la mayor parte de las mujeres son migrantes. Josefa Mora Gómez, encargada de cerrar todas las solicitudes de aborto que pasan por el centro de salud de la localidad, dice: “Durante la temporada de recolección, cuando llegan las trabajadoras migrantes, hay un pico en la tasa de aborto, con la mayor parte de las solicitudes provenientes de mujeres marroquíes, rumanas y búlgaras”. Según Gómez, en Palos y Moguer, la ciudad vecina, hubo 185 abortos en 2016, un 90% eran de mujeres migrantes que trabajan en los campos. Supuso que muchos abortos podrían deberse a violaciones.

El único sindicato que habla sobre el tema es el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT). En Huelva tienen sólo dos representantes, José Antonio Brazo Regalado y su esposa. Conduciendo con él a través de los invernaderos, expone su teoría sobre que el abuso es un tabú en Huelva.

“Una mujer vino a mí llorando, porque su jefe había abusado de ella”, dice. “La sensación de indefensión es enorme. No podía hacer nada. Es imposible”. Como una pequeña asociación, el SAT no puede ayudar a las víctimas de abuso, dice Regalado, porque se exige que las mujeres denuncien abiertamente y muchas de ellas tiene miedo, demasiado. Un círculo vicioso.

“Huelva tiene las peores condiciones de trabajo agrícola en Andalucía, esto es esclavitud”, dice. “Instituciones, guardia civil, inspección laboral, todos miran hacia otro lado”. Su sindicato no tiene permitido visitar a las trabajadoras en los campos. Si lo intentan, los agricultores amenazan a Regalado.

Una vez el producto abandona el campo y se empaqueta para su consumo final, recibe un número de Global GAP (Good Agricultural Practice). Global GAP es una empresa que certifica que un productor en el campo de los cultivos, la ganadería o la acuicultura es “seguro y sostenible”. Según la compañía es la certificación de seguridad alimentaria más aceptada en el sector a nivel mundial.

Utilizando los certificados de Global GAP, CORRECTIV fue capaz de descubrir que el jefe de Kalima es proveedor de una cooperativa más grande llamada Sociedad Cooperativa Andaluza Santa María de la Rábida, más conocida por su marca “Fresón de Palos”. A partir de 2014, dicha cooperativa afirmó ser “el mayor productor de fresas en toda Europa”.

Global GAP emitió un comunicado en el que afirmaba no tener constancia de abusos sexuales en la región de Huelva y que abriría una investigación al respecto. Dijo que el bienestar social de los trabajadores era uno de los criterios más importantes para conseguir la certificación.

Las fresas de “Fresón de Palos” se exportan a países de toda Europa, incluida Alemania, como confirmó un trabajador de la compañía en una llamada telefónica con CORRECTIV a principios del mes de marzo. Durante esta llamada también se confirmó que el empleador de Khadija es un “socio comercial” y proveedor de fresas. La compañía no respondió a la solicitud de un comunicado por escrito.  

fresas de la Sociedad Cooperativa Andaluza Santa María de la Rábida en un supermercado Lidl

Es bastante probable que las fresas de los campos de Huelva, donde tiene lugar la explotación laboral y sexual de estas mujeres, terminen en supermercados en Alemania. Un ejemplo: CORRECTIV encontró fresas de la Sociedad Cooperativa Andaluza Santa María de la Rábida en un supermercado Lidl en una ciudad cercana a Münster.

En un comunicado a CORRECTIV, Lidl afirmó que la responsabilidad social y ecológica forma parte de su código de empresa, al cual deben adherirse también sus proveedores. Dijo, además, que su cadena de suministro estaba certificada por Global GAP y que los proveedores estaban siendo sometidos a controles periódicos. “Nos distanciamos de cualquier violación de los derechos humanos y laborales”, dijo, y añadió que investigarían cualquier tipo de violación.

Como a todas las mujeres entrevistadas por CORRECTIV en Italia, España y Marruecos, la denuncia de los abusos a la policía no mejoró la situación de Kalima. A pesar de haber realizado un examen médico, en el que un ginecólogo y un médico forense declararon que se trataba de un caso de “abuso sexual”, también le dijeron que sin una prueba, por ejemplo, una muestra de esperma, sería difícil perseguir a Abdelrahman.

Kalima fue transferida a un refugio para mujeres el mismo día en el que reporta el abuso a la policía. Después de testificar contra su violador, éste continúa amenazando de muerte por teléfono a Kalima. CORRECTIV la acompañó desde el momento en el que decidió denunciar y hasta haber sido trasladada a una casa segura. CORRECTIV se mantuvo en contacto con Kalima por teléfono. Regresó a Marruecos unos meses después. Pero trabajar en España fue la única forma que tuvo de generar ingresos para alimentar a su familia y a su marido postrado en la cama. Una organización benéfica local provee de vegetales y harina a la familia.

La familia de Kalima no conoce lo que le sucedió en España. Su violador está en proceso judicial. En otoño de 2017, unos trabajadores confirmaron a CORRECTIV, en una llamada telefónica, que continúa trabajando en la misma compañía.

 

La Fuente original es CORRECTIV.

El texto ha sido traducido con su consentimiento y respetando su formato.

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