Zenib Laari, campeona mundial de kenpo

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Zenib Laari es una joven madrileña de 23 años, licenciada en Español: Lengua y Literatura, y a punto de terminar el máster de Español como segunda Lengua en la Universidad Complutense de Madrid. Dice especializarse en esta rama para poder contribuir a la sociedad con su conocimiento y experiencia, y para ello tiene varios proyectos en mente: ser profesora y hacer un doctorado, entre otros. Muy exigente con sus objetivos, hiperactiva, siempre organizada y ordenada en sus planes.

Zenib es campeona del mundo en Kenpo de defensa personal y subcampeona en armas

Se inició en este deporte con la edad de 8 años por la motivación de sus padres a realizar una actividad extraescolar que la mantuviese entretenida y alejada de posibles malas influencias. Tanteó diversos deportes hasta dar con el Kenpo, que le proporcionó una gran satisfacción a nivel personal: ¨la disciplina que me ha enriquecido el Kenpo ha conseguido que lleve una vida muy organizada y constante en otros ámbitos¨.

El Kenpo es un arte marcial de más de 2000 años; una combinación de técnicas de combate milenarias con principios de pelea contemporáneos con el fin de utilizar de manera más racional la autodefensa.

¿Qué títulos has ganado a lo largo de tu trayectoria? ¿A qué edad obtuviste el primero?

En campeonatos nacionales he ganado siente u ocho consecutivos en distintas categorías. En Portugal quedé campeona del mundo en defensa personal de calle, y quedé subcampeona de armas. Y luego el pasado octubre fui a Rumanía, al campeonato de Europa y quedé campeona de combate de Europa y subcampeona en técnicas y armas. El primero que gané fue a los 10 años, no recuerdo bien si fue un regional o un interclub.

¿Cómo se toman tus padres tus victorias? ¿Alguna vez has llegado a perder?

Las primeras veces les hizo mucha ilusión, era todo euforia en casa, pero pasaron de preguntarme de si había ganado a cuántas copas había adquirido en el campeonato. Tenían mucha confianza en mí, y eso me ayudaba mucho.

No llegué a perder, pero sí es cierto que una vez me quedé en blanco y fue sobre todo frustrante para mí. Aunque tampoco lo perdí, quedé segunda. Mi padre se decepcionó un poco hasta que le expliqué que era un campeonato mixto en el que era la única mujer dentro de una categoría toda de chicos. No competía en combate, pero sí en técnicas, katas y armas. Eran hombres de más de 30 años que llevaban 20 años compitiendo que eran cinturones negros tercer y cuarto Dan, y yo era cinturón negro primer Dan teniendo 18 años. Aun así, hubo veces que empaté con el primero, que era campeón del mundo, y teníamos que hacer un desempate en el que quedé segunda.

No lo medía mucho por llegar primera o segunda, más bien contra quién competía, el nivel que tenían y su trayectoria. Era un orgullo competir contra grandes maestros.

¿Alguna vez has sentido discriminación por tu género y condición racial?
Sí. Siempre pensé que no me iban a discriminar porque nací en España, porque no tengo unos rasgos magrebíes marcados y sobre todo porque no llevo velo. Lo cierto es que en el último campeonato que competí contra el campeón del mundo, no sé si fue por orgullo masculino o por qué fue, pero se pilló un rebote y quiso desacreditarme alegando que hice técnicas de más, que había incumplido con la normativa por haber hecho no sé qué movimiento.

En otro campeonato regional me descalificaron por llevar tatuajes de henna, me dijeron que dentro de la normativa no podía llevar nada que alterase la uniformidad. Yo alegué que había personas que llevaban tatuajes en el tobillo o en la muñeca y no las descalificaban porque no podían quitárselos, al igual que yo. A otra compañera mía que llevaba velo, le dijeron que tenía que avisarles de que llevaba velo para competir, como si tuvieran que prepararse algo cuando en realidad no influía en nada. En campeonatos mundiales ha habido chicas de países árabes que han competido perfectamente con velo.

En mi caso lo denuncié al momento y tuve la suerte de que venían dos medios de comunicación a entrevistarme. Le dije al director del campeonato que como me descalificaran otra vez alegando los tatuajes de henna, iba a denunciarlo a través de esos medios. Mi padre, que es abogado, también colaboró diciendo que les iba a denunciar en el consejo superior de deportes y se calmaron un poco. Después de eso le dijeron que yo era una gran competidora, que me adoraban, que tenía que haber un malentendido… pero por el momento me descalificaron y eso no me lo quita nadie.

Es impactante que te señalen por el hecho de que lleves un símbolo cultural ¨ajeno¨ cuando también forma parte de ti, ¿no?

Ellos lo saben, saben que soy de origen marroquí, saben que soy musulmana, pero les choca que haya algún tipo de reflejo. En el campeonato del mundo igual, había dos competidores marroquíes que eran maestros, y como no competían contra ninguno de los nuestros, pues le animaba en árabe para que me entendieran. Todo el mundo se quedó chocado, hasta me preguntaban si era española de verdad. Se cuestionaba mi nacionalidad por el hecho de que conociera un idioma no europeo. Si una persona española blanca habla inglés, no le cuestionas su nacionalidad. Conocer otros idiomas no implica nada.

“Los medios siempre destacan mi origen marroquí, les interesa ese concepto hollywoodiense de dificultad racial, de género y religioso”

Te han realizado entrevistas en varios medios de comunicación, en cambio no ha tenido la merecida repercusión a nivel nacional que debería tener una campeona del mundo que ha representado a España en un deporte. ¿A qué lo achacas?

Hasta que no fui campeona del mundo, nunca salí en ningún medio de comunicación. Me visibilicé a mí misma a través de las redes sociales, y así fue cómo empezaron a contactar conmigo. Quiero creer que es porque el Kenpo es un deporte que no es mayoritario con lo cual interesa menos.

En cuanto salí en uno o dos medios, fueron contactando conmigo. Siempre destacaban que yo fuese de origen marroquí, les interesaba ese concepto ¨hollywoodiense¨ de dificultad racial, de género y religioso. En algunos casos parecía que esperaban que les dijera que mi padre era drogadicto, mi madre una prostituta, que vivía en un barrio peligroso, que superé dificultades sociales por mi condición de mujer musulmana, o algo así. Y para nada ha sido así, vivo en un barrio culturalmente enriquecido y seguro, mis padres son maravillosos y estoy muy contenta con la educación que me han dado. Sin ellos no habría llegado donde estoy.

En cuanto al racismo, a lo largo de tu vida, ¿cuándo y en que ámbitos se hizo más visible para ti?

Creo en la existencia del racismo, aún se sigue discriminando, incluso agrediendo, a toda persona que no presente rasgos físicos blancos. Sea latina, magrebí, negra, etc. Pero personalmente no he tenido episodios graves de ese calibre, lo cierto es que sí comentarios, alusiones, etc. Sobre todo, en mi etapa académica, en el colegio e instituto por parte de compañeros y profesores. A veces también en ciertas amistades. En estos últimos era más por el hecho de no poder llevar una vida como la de ellos por una cosa u otra; no vas a discotecas, no bebes alcohol, con 15/16 años no mantienes relaciones sexuales. Que no es ni malo ni bueno, simplemente no era mi modo de vida.

Y racismo sobre todo del profesorado, además esa fue la razón por la que quiero ser profesora. Falta mucha sensibilización y formación para el alumnado racializado.

Me hicieron repetir curso en cuarto de la ESO, no fue tanto por mis conocimientos, hubo compañeros que obtuvieron peores notas que las mías y aun así pasaron de curso. Más bien por el hecho de que fuese contestona en el sentido de sentirme interpelada por sus comentarios y defenderme. Sobre todo, en temas de historia, la reconquista, los moros, el tema de Ceuta y Melilla, de la inmigración, la islamización… Y lo típico de que eres la única magrebí en clase y todos se giran a mirarte, es muy incómodo.

Hubo dos profesoras en concreto que hablaron con mis padres y les dijeron que yo no valía para estudiar, que hiciera un FP de peluquería. A mí en esos momentos me dolió mucho porque además había repetido y me sabía mal por mis padres, pero más aún por los comentarios de los profesores. Les dije que confiaran en mí, que me lo iba a sacar. Y hasta hoy en día, no he vuelto a fallar, aprobé todo con muy buenas notas y estoy a punto de terminar un máster. Sigo queriendo volver a ese instituto y enseñarles mi título universitario, mi máster y decirles que soy campeona del mundo en Kenpo.

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