Dos menores españoles separados de su familia desde que tenían dos y cuatro años

Los niños permanecen alejados de su madre desde hace más de año y medio y de su padre, desde hace más de dos. Testimonios, o más bien, opiniones subjetivas y no informes periciales, condujeron a la cárcel, en situación de aislamiento, a sus progenitores. Primero, a su padre y, nueve meses después, a su madre quien permaneció once meses aislada. Esto se debió a “la peligrosidad del delito del que se les acusaba”, aunque no se hubiese probado que lo hubiesen cometido.

El padre, víctima de preconceptos

Uno de los testimonios por los que  se detuvo y  se encerró  al padre de estos niños, sostiene que este ciudadano español iba al gimnasio con otros hombres para ponerse en forma, porque su objetivo era cometer actos terroristas y que, por eso, le daban mucha importancia a las artes marciales”.

Lo demostrable es que acudía al gimnasio siguiendo el consejo médico de hacer ejercicio. Le habían diagnosticado riesgo de diabetes y pesaba 140 kilos. Le gustaba ir con otro amigo que entendía más que él de entrenamiento físico, ya que había trabajado, tiempo atrás, como portero de discoteca. En cualquier caso, no se impartían artes marciales en dicho gimnasio.

Otro testimonio, como prueba de su radicalización, afirmaba que él pasó de vivir en el barrio de Salamanca, a vivir en un barrio rodeado de emigrantes pudiendo aspirar económicamente a algo mejor.

Ante un testimonio así, no sería necesaria justificación alguna, pero, básicamente, se había mudado para formar una familia y comprarse una casa en un lugar de precios más asequibles, justo cuando comenzaba la crisis económica, sin necesidad de endeudarse ni de “vivir por encima de sus posibilidades”.

Por este testimonios y otros similares, la autoridad pertinente, debidamente autorizada, entró en su casa, para detenerlo, tirando la puerta abajo. Antes había entrado, por error, de igual modo, en casa de un vecino. Fue acusado de tres delitos relacionados con la prevención del terrorismo y encerrado a casi 400 km de su casa.

Ocurrió hace más de dos años. Este hombre continúa aislado y lejos de sus hijos, a quienes hace más de un año que no ha podido ver, ni siquiera en visita a prisión.

La madre, víctima del sexismo

Por otra parte, la madre de los niños  fue detenida nueve meses después que su marido. Se le imputaron los mismos delitos que a él, entre ellos, el único del que se la ha seguido acusando: enaltecimiento del terrorismo.

Jamás había dicho o escrito ningún comentario sobre ese tema  en ninguna red social, ni en ninguna parte, y sigue sin hacerlo.

Las personas autorizadas para investigar a su esposo desconocían que el hombre al que habían detenido estaba casado y vivía en familia. O, al menos, esto se obvia en los primores informes sobre él, donde sólo consta que compartía el domicilio con una mujer; sin especificar ni aclarar que en la vivienda residía un matrimonio con dos niños pequeños.

En el caso de esta mujer, los testimonios de la acusación casi superan en subjetividad a los anteriormente descritos.  Resumimos dos de ellos:

– Durante el año, 2010, cuando vivía en México, estaba obsesionada con encontrar un marido de sus mismas creencias religiosas.

– No trabajaba en la calle y sólo se ocupaba del hogar y los niños. Carecía de vida social.

Esto, fue considerado muestra de una supuesta radicalización y autoadoctrinamiento. Algunos testimonios, incluso, entran en flagrante contradicción. Por ejemplo:

-“Ella  influyó en la radicalización de él” frente a otro que dice: “Ella se radicalizó desde que lo conoció a él”.

La razón que dio la justicia para tomar esta decisión fue que ella no tenía suficiente arraigo. A pesar de que se mostraron pruebas suficientes que contradecían esto.

Los niños víctimas de decisiones judiciales

Cuando empezó todo, los niños tenían dos y cuatro años. A esta edad, en nuestra sociedad, las figuras de la madre y el padre son muy importantes para su desarrollo emocional. Eso lo sabe muy bien su madre, licenciada en psicología.

La libertad provisional, con retirada de pasaporte o con otros impedimentos para su huida del país, fue desestimada reiteradas veces, tanto para ella como para él.

Al parecer, no había otra opción para que no escribiese algún comentario enalteciendo el terrorismo en alguna red social. Daba igual que esto de escribir comentarios no se hubiese probado que lo hiciera nunca y, mucho menos, desde que llegó a España.

Para la justicia española, hasta sin pasaporte, esta mujer podía huir, con o sin sus hijos. Y por lo visto, nuestras instituciones no hallaban ninguna medida adecuada para evitar que huyera o se escondiera; ni la libertad vigilada, o el arresto domiciliario servían… sólo la prisión y el aislamiento.

La razón que dio la justicia para tomar esta decisión fue que ella no tenía suficiente arraigo en este país. No le parecieron suficiente motivo de arraigo sus dos hijos pequeños, uno que iba al colegio y, otro, a la guardería. El mayor, además, asistía a un centro de apoyo y a kárate.

Proyectos y arraigo

Tampoco era motivo de arraigo un piso recién comprado y, a punto, de terminarse de pagar. Un piso que perderían si incumpliesen el pago, junto con los casi 50.000 euros invertidos en él. A penas les restan poco más de 10.000 euros para terminar de pagarlo, pero la dueña ha decidido no darles más prorrogas ni atender a las explicaciones de este matrimonio condenado y expropiado de forma más que cuestionable.

No era, tampoco, motivo de arraigo, la demostrable intención de esta mujer de montar un negocio y homologar su título universitario para poder ejercer aquí, ni el haber renovado su carnet de conducir, ni estar esperando la concesión de la nacionalidad española.

Tampoco lo era, el excelente empleo, con una nómina envidiable, de su marido y que podría recuperar “si todo se arreglaba”. Ni lo era el hecho de que él continuase en prisión y sin ningún familiar en este país.

Estas personas pagaban sus impuestos en España, cotizaban a la seguridad social, no tenían antecedentes penales, vivían en paz y en armonía entre ellos y con su entorno, sacando a sus hijos adelante.

En la sentencia, se registró que ella había permanecido encerrada diez meses, uno menos de los que estuvo. Había estado once.

Medidas cautelares

En cualquier caso, se prefirió encerrar a esta mujer, igual que  se hizo, nueve meses antes, con su marido. Desde entonces, ella sólo se pudo encontrar con sus hijos en dos ocasiones. En ambas, los llevaron otros familiares no residentes en España, a visitarla a su encierro. A más de 100 km de su hogar.

Ahora, viven con sus abuelos paternos fuera de este país y no se les facilita que se puedan reunir, más bien, al contrario. Desde que salió, no ha podido verlos. Habla con ellos, a diario, por videoconferencia desde su móvil. Le requisaron el IPad, cuatro móviles, una cámara de fotos y dos ordenadores.

Ha pasado mucho tiempo en la cárcel. Dada la acusación última y la falta de antecedentes, no le correspondía esta larga prisión preventiva. De todas formas,  igual no debía ser tan necesaria, si, luego, estuvo fuera seis meses, esperando juicio.

Tras la vista, en la sentencia, se registró que ella había permanecido encerrada diez meses, uno menos de los que estuvo. Había estado once.

El conocimiento de la ley

Opinar se ha convertido, en España, y en otros países europeos, en un acto sospechoso de delito; lo es opinar por internet, pero también, lo es, a juzgar por este caso, opinar con tus amistades tomando algo en un café. También, lo es, al parecer, navegar por ciertos sitios de la red o haber aceptado ciertos contactos, sin escribir nada, sin más.

No importa que elimines esos sitios, mostrando así tu desaprobación con sus contenidos, por el contrario, borrarlos puede considerarse un intento de destruir posibles pruebas.

Igual, todo esto ya lo sabíamos. No obstante, recordemos que el desconocimiento de una ley, en el derecho penal, no nos exime del delito. Recordemos que la determinación de la existencia de un delito y las decisiones de la justicia en cuanto a su prevención se establecen en base a la potencial peligrosidad social del mismo.

Se les ha calumniado públicamente en los medios, se les ha encerrado y arruinado, económica y moralmente.

El concepto del error en derecho penal

En ocasiones, estas determinaciones y decisiones judiciales se apoyan en cuestiones subjetivas. De ahí que, en el derecho penal, sea tan importante un concepto, el del error.

La toma de decisiones sin una valoración rigurosa de los testimonios, ni de lo que se presenta como prueba podría ser un error, pese a la buena voluntad de evitar  presuntos males mayores. La cuestión es que se puede destrozar la vida de gente inocente cometiendo un solo error.

De hecho, a este hombre con nacionalidad española desde hace catorce años y a su esposa, en espera de la concesión de la misma, se las ha calumniado públicamente en los medios, se las ha encerrado y se las ha arruinado, económica y moralmente, aislándolas y privándolas de sus hijos, de sus recursos económicos y,  del acceso al trabajo para subsistir.

Por cierto, sus hijos son ciudadanos españoles menores de edad, con derechos que, también, han sido ignorados. Tal vez, el peor error de todos pudiera llegar a  ser no reconocer el error y no remediar esta situación.

Puntos de vista

El desconocimiento de cómo funcionan otras culturas u otras religiones podría haber intervenido en la generación de este yerro, o quizás el racismo y la xenofobia. Lo digo, porque ella es de origen mexicano y él marroquí.

O podría haber habido un “error” por discriminación religiosa, puesto que esta pareja es musulmana. Quizás, a esta discriminación se unió el sexismo, en el caso de ella; el exceso de celo y el miedo pudieron, asimismo, contribuir también.

Él nació en un país de mayoría musulmana. Ella nació en un país de mayoría católica y su conversión parece provocar desconfianza.

Desconfianza entre la gente en general, tanto cristiana como musulmana o de otras creencias, incluso entre personas agnósticas y ateas. Consideran que salir de una religión e irse a otra, a la que se le presupone, más sexista, resulta, cuando menos, chocante para muchas personas.

De hecho, una psicóloga de una conocida ONG internacional, a la que acudió en busca de ayuda, le recomendó en la tercera visita, tras decirle que no volviera más, que estaba bien y que no necesitaba más ayuda, que, mejor, dejara de ser musulmana, porque “a las mujeres nos ha costado mucho conseguir nuestros derechos”. Según Ana, fue un comentario fuera de lugar ya que ella no ha perdido ningún derecho en su día a día, salvo los que les ha sustraído, por error, la justicia española.

Una psicóloga de una conocida ONG internacional le recomendó que dejara de ser musulmana: “A las mujeres nos ha costado mucho conseguir nuestros derechos”.

Antecedentes y conversión

Su madre, siempre ha sido muy católica. Vive esta religión con conceptos cercanos al Opus Dei y educó, según estos preceptos, a su hija.

Esta, cuando estudiaba psicología, en una universidad pública de su Monterrey natal, pertenecía al Movimiento universitario católico, también cercano al Opus y ejercía como catequista.

Por entonces, asistió a un retiro espiritual, y se sintió acosada sexualmente por un seminarista. Al quejarse al sacerdote que dirigía dicho encuentro, este tomó claro partido por el seminarista. La razón: su “poco fiable” condición de mujer.

Esto hizo que empezara a alejarse de las instituciones católicas, de sus jerarquías y sus dogmas, pero no de su necesidad de transcendencia, ni de su fe en un dios, ni de su deseo de seguir un sendero ya establecido para orientar su vida en estas cuestiones.

Tras asistir a un encuentro interreligioso, organizado por el Foro de las naciones, en 2007, en Monterrey, descubrió que había un camino similar al que había conocido hasta entonces, pero sin estructura jerárquica alguna. Se hizo musulmana. Además, presentaba ciertas similitudes con sus conceptos sociales.

La forma de concebir y vivir la vida en el siglo XV en su triple vertiente católico-romana, judía y musulmana ha pervivido en algunos hábitos sociales muy arraigados en la población española, especialmente, en ciertas áreas.

Desinformación

Pese a esto, está sobradamente documentada la fobia institucionalizada contra las personas musulmanas, desde los albores de la historia de España, a finales de dicho siglo XV.

Con los espantosos y lamentables atentados reivindicados por grupos fundamentalistas islámicos, -cuyas víctimas son, en su mayoría, musulmanas,- se refuerza aparentemente ésta fobia.

Sobre este credo, la mayoría de la población de España y México, religiosa o no, ignoramos casi todo. Ignoramos, por ejemplo, que en su seno siempre se ha debatido la aplicación y uso de las leyes que afectan a la población; se considera que su aplicación es humana y, por tanto, puede existir el error.

La opinión de la comunidad es muy importante para que esas leyes vayan evolucionando con los tiempos. Se pretenden evitar, así, los fundamentalismos de toda índole. La autora marroquí que fuera premio Cervantes de literatura, Fátima Mernissi, ha escrito mucho al respecto de este tema, sobre todo, en lo que concierne a las leyes en torno a las mujeres.

El padre de estos niños es, también, un hombre religioso y culto. Estudió en California y en París, habla cuatro idiomas y es una persona muy instruida, con conocimiento de varias culturas, de primera mano, y con opiniones bien argumentadas.

De hecho, sus opiniones al respecto del conflicto bélico de Siria, para abrir un debate sobre el mismo, se usaron contra él. Se confundieron con declaraciones a favor de Daesh o de ISIS.

Ella y su marido se consideran a sí mismos, gente de paz. Les parece un error que se les tome por personas cercanas a postulados de ningún tipo de terrorismo. Hoy por hoy, siguen pensando que algún día se arreglará todo y se les reconocerá su inocencia.

Ahora, se me viene a la cabeza un poema justo anterior a la segunda guerra mundial. Un poema escrito por un pastor luterano alemán llamado Martin Niemöller, “Primero vinieron”. Es un poema muy conocido, pueden encontrarlo en la red.

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