Cultura racista gracias al Blackface

Es clásico de las vacaciones navideñas ver a algún personaje público haciendo Blackface para representar al Rey Baltasar. Una práctica mal vista e incluso prohibida en muchos otros países del mundo pero que en España sigue siendo aceptable y defendida por un gran grupo de personas.

Las frases más utilizadas para menospreciar una crítica al Blackface son “creo que exageras”, “que poco sentido del humor”, “¿cuál es el problema con pintarse la cara de negro?. En este artículo daremos respuesta a esta última pregunta.

¿Por qué el Blackface es un problema? 

La práctica del Blackface se inició hace más de 200 años con la intención de hacer mofa de las personas esclavizadas de África. Es en este momento es cuando surgen las obras de teatro de minstrel en Estados Unidos (género teatral donde actores blancos se pintaban de negro con el objetivo de representar de manera estereotipada la vida de las personas esclavizadas negras). La práctica no sólo ridiculiza su aspecto físico con el maquillaje, sino que también los representaba como vagos,  ignorantes, cobardes e hipersexualizados. Estas representaciones estaban hechas para divertir a un público blanco, mientras que para las personas negras eran claramente ofensivas e hirientes. 

En el caso Europeo, también nos encontramos con una larga tradición de Blackface. Uno de los ejemplos más sonados es el de “Zwarte Piet”, el paje de Santa Claus en los Países Bajos, y que se caracteriza al igual que en las obras de minstrel, por estar representado por una persona blanca pintada de negro y con una peluca de pelo rizado y cuyo origen se remonta a la historia colonial de este país, y que al igual que en España ha sido denunciado por colectivos antirracistas. 

Una persona negra sujeta una camiseta con la señal de prohibido el blackface

El Blackface tiene un origen racista y lo que vemos hoy en día en Navidad y en otras fiestas tradicionales es el legado de esa cultura racista que persiste en nuestra sociedad. Muchas personas al conocer el origen del Blackface responden: “eso es cosa del pasado, ahora es diferente, no lo hacemos por el mismo motivo”. Una respuesta sin reflexión alguna que certifica la normalización del racismo. 

El caso más vergonzoso en España es el de La cabalgata de Alcoy (que este año no se celebrará por la crisis sanitaria). La razón que más pesa en la defensa de esta práctica es que es “una tradición”, pero si revisamos esa tradición ¿seguiríamos considerando esta actividad como inofensiva? Si nos remontamos a la historia, como señala este artículo de El Salto, desde la Edad Media observamos cómo Alcoy fue un gran mercado de personas esclavizadas. Esto nos hace ver como esta tradición no es fruto de la casualidad y que tiene un origen claramente colonial, como venimos denunciando también desde SOS Racismo. Solo una sociedad racista considera legítimo conservar este tipo de expresiones “culturales”. 

cabalgata Alcoy. Personas pintadas con pintura negra.

La práctica del Blackface en la actualidad resulta aún más hiriente, puesto que hoy más que nunca, somos muchas las personas racializadas que vivimos en España. Que se decida que pintar de negro a personas blancas para representarnos no debería tener cabida en nuestra una sociedad. Esto sólo se puede entender desde dónde y hacia donde son estas representaciones. Todas ellas están están hechas por un público blanco para el disfrute de ese mismo público blanco. En España viven cientos de miles de afrodescendientes, poner por ejemplo en la cabalgata de Reyes a una persona blanca pintada de negro no sólo es ofensivo sino que también niega la presencia de las personas negras en el territorio y manda a les niñes racializades el mensaje de que en este país se les considera una caricatura. 

El Blackface es una prueba más de que no nos consideran parte de esta sociedad, por eso no les importa insultarnos y de hacer humor a nuestra costa. No conciben que nosotras mismas nos autorrepresentemos. El racismo normalizado es el principal causante de que después de 200 años esta práctica continúe e incluso se defienda. Una cultura que atenta contra personas, que los posiciona como seres inferiores, ridículos y los deshumaniza, no es mi cultura. Si nuestra cultura no es capaz de cambiar, la sociedad tampoco lo hará.

 

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