Así viví el racismo impune en las aulas

La soledad en las aulas, es el sentimiento que acompaña a la violencia racista.

 

Me llamo Paula, tengo 21 años y soy mestiza. Mi padre es negro y mi madre es blanca. Donde más racismo he sufrido ha sido en el colegio. Mi madre decidió meterme en un colegio privado del sur de Madrid, y la verdad es que, a pesar de ser privado, no era nada del otro mundo en cuestión de pijerío. Había de todo: desde gente normal y corriente cuyos padres están haciendo un esfuerzo económico para llevar a sus hijos allí, hasta gente cuyos padres eran millonarios. Eso si, había muchísimo fascista entre el profesorado y los altos cargos del colegio. Estuve unos 10 años allí.

Cuando yo entré no había apenas diversidad. Era de las pocas racializadas del colegio. Desde el primer momento, recuerdo que los niños no me veían del todo como a una más y, al poco tiempo, empecé a sufrir acoso, tanto por parte de gente mayor de otros cursos como de gente de mi clase. Los insultos eran el típico “negra de mierda”, “vete a tu país”, y cosas relacionadas con mi físico.

“De niña yo era muy tímida, así que normalmente no me defendía, y tampoco entendía a qué se referían, por qué parecía que les molestaba el color de mi piel o por qué me decían que me fuera a mi país si ya estaba en él”

De niña yo era muy tímida, así que normalmente no me defendía, y tampoco entendía a qué se referían, por qué parecía que les molestaba el color de mi piel o por qué me decían que me fuera a mi país si ya estaba en él. Pero ese no fue el único racismo que sufrí. Tardé años en darme cuenta que los habituales comentarios de “estarías más guapa con el pelo liso” por parte de las niñas de mi clase (todas blancas), junto con lo que significa crecer en una sociedad tan eurocentrista siendo una persona no blanca, acabaron haciendo que desde muy pequeña quisiera tener el pelo liso y comenzara a alisarmelo con tratamientos y planchas. Recuerdo perfectamente una vez que, siendo muy pequeña, dos compañeras se enteraron de que me gustaba un niño de la clase y empezaron a reírse bien alto para que yo lo oyera. Una de ellas dijo algo del estilo “con esos labios tan grandes, si le da un beso le va a llenar de babas.”

“Los profesores solían meternos miedo para que no nos cambiáramos de colegio. Siempre nos decían que en los públicos había gente de otros países y que eran, básicamente, criminales”

Cuando fui creciendo, empecé a entender muchas cosas que normalmente me pasaban desapercibidas, como cuando se pusieron de moda los pañuelos palestinos (keffiyeh) y en mi colegio los acabaron prohibiendo. Nos dijeron que era porque no era un accesorio de uniforme escolar, pero con los años mi madre me explicó el significado de esa prenda, y lo entendí. También los profesores solían meternos miedo para que no nos cambiáramos de colegio. Siempre nos decían que en los públicos había gente de otros países y que eran, básicamente, criminales. Tuve una profesora de historia que era la típica mujer española rica y fascista. En clase hacía comentarios como que Nelson Mandela era un asesino o que Franco no era tan malo y sólo quería lo mejor para su país.

Un día, hablando de la peste bubónica medieval (también llamada peste negra), una chica dijo entre risas: “Pero, ¿la peste negra no era cuando nos invadieron los negros?”. La profesora le preguntó a qué venía eso y respondió lo típico de que los africanos están invadiendo España. Mis compañeros solían decir cosas de ese tipo sabiendo que yo les estaba escuchando.

Otro año, entró un profesor nuevo de religión africano que me dio clase, y yo siempre tenía la necesidad de “protegerlo” porque era un ser de luz. Era muy buena persona, y la gente de mi clase, en plena adolescencia, demasiado monstruosa. Recuerdo que los “payasos” de la clase a veces le hacían comentarios o preguntas indiscretas que él se tomaba a broma, pero a mí me dolía mucho. Era una mezcla de sensaciones: rabia, pena, confusión…porque no entendía que quisieran hacer sentir mal a un hombre que no les había hecho absolutamente nada. En esa época fue cuando empecé a “despertar” y a interesarme por el tema racial, pero me sentía terriblemente sola e incomprendida. Ahí empecé a ser consciente de los microrracismos y a morderme la lengua, porque sabía que no contaba con nadie en esto.

“Hubo un momento en el que este chico me preguntó si quería acostarme con él, porque ‘nunca había estado con una nigga'”

En 4º de la ESO pusieron a un chaval bastante problemático en mi clase. Era mayor que nosotros y conocido por ser el típico “malote guay”. Su familia conocía al director y por eso era prácticamente intocable. Siempre se salía con la suya. En mi clase eramos sólo dos “frikis” frente al resto de “guays”, y el chaval decidió que yo sería su nueva víctima. A principio de curso me puso un apodo “cariñoso”. Me llamaba “la nigga”, y él y los demás chicos estaban todo el día bromeando con lo de “yeah, nigga in da hood” y toda esa parafernalia que los blancos adoran. Su forma de relacionarse conmigo era pasivo-agresiva, y todas las bromas y comentarios “inofensivos” tenían mucha malicia detrás, pero decidí ignorarlo por no crear tensión, porque al fin y al cabo estaba sola. Hasta que empecé a no responder de forma amable, y entonces la situación pasó de “broma entre compis” a puro bullying. Hubo un momento en el que este chico me preguntó si quería acostarme con él, porque “nunca había estado con una nigga”. Me negué, y a partir de ahí cambiaron las cosas. Llegó un punto en el que mi madre tuvo que intervenir y le dijo que su conducta era denunciable pero, como siempre, los profesores no hicieron nada y en mi clase bromeaban con ello para molestarme.

1 Comment
  1. Siento vergüenza y pena leyendo este texto… ojalá llegue el día en que nadie se sienta incómodo en su propia piel y al contrario sienta orgullo. En ocasiones me avergüenzo de mi color de piel (blanco), por el daño que ha causado a muchos y por el que sigue haciendo… Paula espero que ahora, ya lejos de ese sitio, estés rodeada de gente que te mire a los ojos y te aprecie por lo que eres, por que el color de piel es como tu apellido naciste con el pero no define tu persona.

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