Vota primo, vota prima

Autoría: José Heredia Moreno, Camelamos y Roma Standing Conference

 

El tratamiento que un país otorga a sus habitantes romaníes (Gitanos y Gitanas) es, a día de hoy, uno de los mejores indicadores de su desarrollo democrático. El fervor antigitano de los movimientos de ultraderecha es sólo la punta del iceberg del racismo estructural e institucional reinante de la misma manera que los miasmas misóginos de Vox encuentran alimento abundante en el patriarcado nacional. En nuestro contexto histórico, atravesado de riesgos ciertos de regresión autoritaria, con unas democracias raquíticas sometidas a tensiones sin cuento, esta constatación se nos presenta como un desafío crítico: la defensa de la democracia en Europa sólo es posible si viene acompañada de la defensa de los derechos fundamentales, sociales y políticos del Pueblo Gitano, tanto individuales como colectivos.

A este respecto, los estudios académicos y las experiencias por todo el mundo son incontestables: allí donde una minoría discriminada ha logrado una participación genuina en el diseño y la implementación de las políticas que les afectan ha habido una mejora sostenida en el desarrollo y el bienestar de sus comunidades. Las razones son claras: las prioridades de las maquinarias burocráticas son reemplazadas por las prioridades de las comunidades discriminadas; la elaboración e implementación de las políticas reflejan sus conocimientos y formas de vida, y no las de los políticos, funcionarios y académicos; y se desarrolla un sentido de responsabilidad de las familias y personas discriminadas por el progreso y el bienestar colectivo, activando prácticas sociales de convivencia y cooperación adaptadas a sus contextos.

Para mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía gitana es necesario potenciar su participación en los asuntos que nos conciernen, lo cual no es más que considerar a los gitanos y gitanas, a nosotras, como ciudadanas de pleno derecho. Sin embargo, en España, las políticas dirigidas a la población gitana han seguido el camino opuesto, el de enmarcarlas en un esquema de sanciones e incentivos a través de controles disciplinarios a cambio de servicios básicos, el clásico palo y zanahoria , desde una perspectiva paternalista y condescendiente que deja a las personas gitanas atrapadas en un círculo vicioso de dependencia y exclusión, objeto de políticas que no nos reconocen como personas plenas, como el sujeto político que somos, groseramente chantajeadas y disimuladamente deshumanizadas.

 

Las administraciones públicas comenzarán a depender de nuestros barrios cuando los perciban unidos, cohesionados y capaces de hacer un uso eficiente de todos sus recursos.

En un Estado tan eminentemente clientelar como el nuestro, el resultado no nos debe extrañar: alrededor del 95% de los magros fondos públicos dedicados a población gitana son gestionados por una sola organización ligada a la Iglesia Católica, liderada en su mayorías por hombres payos, en la que las voces gitanas realmente no cuentan. Preguntadas las personas gitanas de los guetos sobre si esos fondos públicos han tenido algún impacto en sus vidas, la respuesta es, invariablemente, un contundente “no”, con frecuencia seguido por una retahila de improperios y maldiciones hacia “los jalladores”, un término que puede entenderse como “los zampones” y que designa a toda una industria asistencial-paternalista, dominada por la administración y por esta organización no gitana, en la que las auténticas necesidades, anhelos y aspiraciones de la ciudadanía gitana mismas no tienen lugar. Tras 40 años de políticas gitanas que en el Pueblo Gitano no hemos visto, la situación en los guetos se ha deteriorado al tiempo que se reproduce un estereotipo falso y cruel que nos pinta como parásitos de los fondos públicos y que refuerza la perniciosa dinámica de nuestra exclusión de las decisiones que nos afectan.

Hace falta establecer una conexión entre unas comunidades gitanas conscientes de su poder y las instituciones públicas que viven de espaldas a los guetos. Esta conexión es crucial para romper el círculo vicioso de dependencia y reemplazarlo por un círculo virtuoso de participación en el que las administraciones públicas empiecen a depender de las comunidades gitanas. Las administraciones públicas comenzarán a depender de nuestros barrios cuando los perciban unidos, cohesionados y capaces de hacer un uso eficiente de todos sus recursos, especialmente su capital social y poder electoral, para que nuestras demandas y aspiraciones sean tenidas en cuenta.

La creciente fragmentación política, el aumento resultante en la competitividad partidista junto con la imprevisibilidad y la volatilidad de la situación política en España, han llevado a los partidos a buscar el voto del Pueblo Gitano en cada elección, ya sea al nombrar candidatos gitanos o al abordar, en algún caso, los problemas de la población gitana. Es un buen momento para que nos hagamos conscientes del poder de nuestro voto y hagamos buen uso de él, y hacer buen uso de un poder colectivo sólo es posible si se realiza por y para las mismas comunidades locales gitanas. No es momento para ideas mesiánicas, líderes carismáticos o movimientos de vanguardia, sólo una creciente implicación de ciudadanía gitana en la mejora de las condiciones de nuestros barrios, con determinación y humildad, con ambición y sentido común, podemos romper con una exclusión de más de 500 años.

Con este propósito, nos conviene aprender de las experiencias de otros movimientos romaníes en diferentes países europeos. En Rumanía, Bulgaria, Macedonia, Eslovaquia… están logrando potenciar el poder electoral romaní y proyectarlo de manera que produzca mejoras substanciales para las comunidades locales, y eso sin mercadear con los votos gitanos, sin pedir el voto por ningún partido, con lealtad institucional y conservando siempre una autonomía política que garantice la integridad de sus fines: la activación y potenciación de la agencia colectiva gitana.

En el Estado Español nuestra participación electoral podría tener una incidencia clave en prácticamente todos los comicios, sin embargo se enfrenta a tres desafíos para hacer esa incidencia efectiva: En primer lugar, la participación electoral del Pueblo Gitano es todavía muy baja, como se puede comprobar tras un somero análisis de los resultados en los principales guetos del Estado. La dependencia a la que antes aludíamos y el consiguiente sentimiento de nuestra impotencia , la baja autoestima, la nula confianza en unas administraciones que, lejos de ayudarnos, nos dificultan la vida, la experiencia de cuarenta años de segregación, acoso y abandono como continuación de 500 años de persecución implacable… nada de eso ayuda a la participación electoral. Ante esta dificultad podemos encontrar inspiración más que sobrada en nuestra propia historia y cultura: desde la rebelión de las gitanas encarceladas durante la Gran Redada en Zaragoza hasta el surgimiento de las voces gitanas en la agenda pública que se produjo en los 70 a partir del estreno de “Camelamos Naquerar”, de José Heredia Maya, no nos faltan ejemplos históricos sobre los que situarnos.

En segundo desafío que encuentra la agencia colectiva gitana para tener una incidencia en las decisiones que nos afectan radica en la creación de estructuras que apoyen las acciones políticas y de reivindicación en nuestras comunidades. Tenemos ejemplos a imitar en nuestras propias organizaciones. Las iglesias evangélicas de múltiples denominaciones que pueblan nuestros barrios en todo el territorio peninsular son el principal monumento a la capacidad de auto-organización de las comunidades gitanas. Ahora bien, las mismas iglesias son conscientes de que su labor se centra en la movilización espiritual de sus feligreses, no en la movilización socio-política. Hace falta construir nuevos foros en los que podamos organizarnos para perseguir otro tipo de fines colectivos.

Nuestro poder siempre ha sido nuestra familia y nuestra unión.

El tercer desafío está en las multiples resistencias que encontraremos en las administraciones públicas, en el entramado público-privado que gestiona las políticas dedicadas a la inclusión de la comunidad gitana, en buena parte de la sociedad civil… en resumen, el mismo sistema socio-político estructuralmente antigitano al que nos enfrentamos no facilitará nuestra participación en los asuntos que nos incumben.

El próximo domingo tenemos elecciones generales. Alrededor de un millón de votantes gitanos y gitanas podríamos tener la llave del próximo gobierno. Habla con tu familia, debate con tus primas, con tus primos, con tu gente, con tu familia, con tus amistades. El café de la tarde es un buen momento para hablar y debatir sobre a qué jambo vamos a votar. Incluso ir a los colegios electorales , como lo hacemos siempre para ir a cualquier sitio, en familia, con nuestras hijas, hijos, nueras, yernos y un largo etc es algo mu gitano de lo que tenemos que aprovecharnos visualmente. Nuestro poder siempre ha sido nuestra familia y nuestra unión.

#VotaPrima #VotaPrimo

 

Las opiniones vertidas no tienen porque corresponderse con la línea editorial de Es Racismo, ni con la línea política de SOS Racismo Madrid.

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