“Ese del pelo no entra”: carta abierta a quienes no saben lo que se siente al ser discriminado por no ser blanco

¿Recordáis las denuncias que publicamos hace un par de semanas sobre el “derecho de admisión” de las personas racializadas en las discotecas españolas? Bueno, pues no sólo no ha habido una disculpa pública por parte de los locales implicados y/o un compromiso de los mismos para evitar que esto siga ocurriendo sino que se ha repetido en Kapital (Madrid), una de las dos discotecas que mencionábamos. De la misma manera, nos consta que siguen produciéndose este tipo de discriminaciones racistas todos los días por todo el territorio español. Es importante recalcar que este tipo de violencia racista que discrimina tanto a menores como a adultos racializados en espacios de ocio no es algo reciente ni puntual, sino parte de un protocolo que se viene repitiendo y aplicando desde hace décadas con el objetivo de segregar y obtener espacios “blancos” o “lo más blancos posible” regulando el tipo de público que accede a estos locales.

La madre de un joven de 17 años se puso en contacto con nosotras hace unos días para denunciar que la noche del 11 de enero de 2020 a su hijo se le negó la entrada a la sesión light de dicha discoteca, conocida como Kapital Young, yendo incluso acompañado por su tía, quien fue a pedir explicaciones a la puerta del local tras haberle sido prohibida la entrada cuando lo intentó en un primer lugar sólo, junto con sus amigos blancos. Tanto la madre como la tía nos cuentan y muestran en fotos y vídeos que iba vestido acorde a su edad y con las exigencias del local para una sesión de ese tipo, por lo que el argumento del código de vestimenta no era válido. No obstante, por si cambiaban su versión, la tía del chico llevaba en el maletero ropa más formal para que este pudiera cambiarse y así poder entrar: una camisa, una corbata, unos zapatos… Ella nos cuenta cómo no se trataba de nada de eso ya que escuchó a uno de los porteros decirle a otro que “ese del pelo no entra” y, efectivamente, no entró.

Esta es una carta pública que el chico ha escrito y nos ha enviado donde narra cómo vivió la situación y cómo se siente tras haberle sido negada la entrada a Kapital en reiteradas ocasiones, simplemente por no ser blanco. Una situación que le ha hecho pensar y darse cuenta de la realidad de la que, según él mismo cuenta, no había sido consciente hasta ahora:

“Hace algún tiempo dos chicos se disponían a entrar a Kapital Young, una de las pocas discotecas con sesión light, es decir, accesible para menores de edad. Uno de ellos era blanco. Su amigo, en cambio, no lo era. Ustedes se preguntarán por qué hago referencia al color de piel o a la raza de sendos chavales y, en realidad, yo aún no entiendo la importancia de este mero dato en una sociedad del siglo XXI; pero bueno, con el transcurso del relato lo irán entendiendo.

Ambos, ilusionados por pasarlo bien y disfrutar en la discoteca, se disponían a entrar. Mientras, en la cola, esperaban detrás de un grupo de chicos, todos blancos por cierto. Por fin había llegado el momento que los dos chavales llevaban tanto tiempo esperando: iban a entrar a su primera discoteca. Cuando el primero, que era racializado, se dirigió hacia la seguridad de la discoteca para mostrar su documento de identidad ーcomo es habitual, y como habían hecho el grupo de chicos que estaban delante de los dos amigosー se produjo un suceso deleznable. Uno de los agentes de seguridad de la discoteca apartó sin razón alguna y sin dar explicaciones al chico racializado, dejándole detrás de un cordón de seguridad. En cambio, no puso ningún tipo de impedimento en dejar pasar a su amigo que, casualidad o no (no lo creo), era blanco. Como es obvio, el otro chico no entró para no dejar a su amigo tirado.

En ese momento apareció en escena la tía del chico racializado. Amablemente, se acercó al cordón de seguridad, detrás del cual estaban situados los porteros, y simplemente les realizó una cuestión:

-«¿Por qué este chico no puede acceder a la discoteca?»

«Le ponga lo que le ponga, y aunque le corte el pelo, este chico no va a entrar»

Tras la pregunta de la joven, todos los guardias hicieron caso omiso y actuaron como si no pasara nada, hasta que la chica reclamó su atención recordándoles que estaba hablando con ellos. En ese momento la muchacha repitió la pregunta y añadió:

-«Entiendo perfectamente que tengáis derecho de admisión y unas normas de vestimenta con las que poder acceder a la discoteca. Así que si usted es tan amable, ¿podría indicarme qué es lo que tengo que cambiarle a mi sobrino para que pueda acceder? Me he traído de todo en el coche, si quiere le visto de traje y corbata, o le cambio las zapatillas que lleva por unos zapatos más elegantes o, incluso, si quiere y es esa la razón por la que no puede entrar, le corto el pelo. Pero dígame si así va a poder acceder al establecimiento».

Tras esta serie de cuestiones que la tía del chico le propuso al guardia que había impedido la entrada al chaval, éste fue tajante y dijo:

-«Le ponga lo que le ponga y aunque le corte el pelo este chico no va a entrar».

Lo más triste de este relato no es lo narrado, lo más triste es que este no es como los demás que suelo escribir, donde todo es fruto de mi invención. Este relato, lamentablemente, lo podría narrar en primera persona porque sí, el chico racializado que aparece como personaje de la trama soy yo. Lo más triste es ver cómo un guardia de seguridad es incapaz de darte una sola razón por la que yo no puedo entrar y los demás sí. En mi opinión, nos consideramos una sociedad muy desarrollada, muy avanzada cultural y tecnológicamente, pero quizás deberíamos mirarnos un poco más el ombligo y darnos cuenta de los actos deleznables que hoy en día, en pleno siglo XXI, siguen ocurriendo en un país como España y en una ciudad como Madrid.

Sinceramente, ustedes no saben lo que se siente al ver cómo el resto sí puede y tú no. ¿Por qué? Si no es por la vestimenta, ni por el calzado, ni siquiera por el peinado, entonces ¿por qué? Yo me pregunto por qué, si tan valientes son de hacer distinción de quién puede acceder a una discoteca y quién no, no tienen la misma valentía de explicar la razón de esa decisión, que creo que vosotros, mis lectores, y yo tenemos muy clara cuál es.

Ella intenta buscar otras explicaciones de lo sucedido: quizás la ropa, quizás el calzado, incluso quizás el pelo. Aunque quizás por otra parte tenga miedo de que su hijo tenga razón y esas no sean las razones del veto de su entrada.

Además de no tener la valentía suficiente de darme tan solo una razón por la cual yo no podía acceder a la discoteca, encima tuvieron la desfachatez de poner sobre la mesa una acusación hacia mi persona, alegando que protagonicé altercados en los exteriores de la discoteca. Una acusación que es totalmente falsa. No he podido acceder en ninguna ocasión al establecimiento tras dos intentos fallidos, siendo este el segundo. La primera vez que intenté acceder a dicha discoteca ocurrió exactamente lo mismo, y uno vuelve a casa, como vulgarmente se dice, con el rabo entre las piernas, sin entender lo que ha ocurrido, sin poder creer que estas cosas sigan pasando en esta época. Cuando se lo cuentas a tu madre no lo puede creer, porque es incapaz de asimilar que en el siglo XXI estas cosas sigan ocurriendo. Ella intenta buscar otras explicaciones de lo sucedido: quizás la ropa, quizás el calzado, incluso quizás el pelo. Aunque quizás por otra parte tenga miedo de que su hijo tenga razón y esas no sean las razones del veto de su entrada.

Cuando lo intentas por segunda vez, esta yendo preparado, con otra vestimenta disponible, otro calzado, incluso teniendo un cambio de look, con tu tía de testigo, y aún así vuelve a repetirse el mismo hecho tan lamentable, entonces vuelves a casa y no paras de darle vueltas. Tu madre te mira a los ojos y ves una gran impotencia por no poder hacer nada. Porque díganme ustedes cómo se le explica a un hijo que sus amigos pueden entrar a las discotecas y él no, simplemente por su color de piel o por su “raza”. Cómo se le hace ver que un problema como la discriminación y el racismo que creíamos haber superado por completo hace mucho tiempo sigue ahí, en pie, y que por mucha impotencia que se tenga y por mucho que se quieran cambiar las cosas, una, dos e incluso cien personas es imposible que extingan dicho problema.

Ahora más que nunca, apelo a la sensibilidad de mis lectores. Muchos incluso tendrán hijos. Reflexionen y díganme cómo es posible que cuando le cuentes lo ocurrido a tu abuelo o a tu abuela, ellos sean incapaces de asimilar que hoy en día esas cosas sigan pasando. Incluso ellos, que han vivido épocas en las que el racismo estaba más presente, no pueden creer que hoy en día estos actos sigan sucediendo. Tras ésto, les planteo una cuestión, ¿de verdad estamos tan desarrollados, tan evolucionados como creemos?

Un tal Martin Luther King, no se si lo conocerán 一convendría que sí一, en uno de sus discursos en su lucha contra el racismo dijo la frase «I have a dream» (Tengo un sueño). Hoy yo digo que podría asegurar que he estado viviendo en ese sueño hasta que, tras este acto ocurrido hace unos días, he conseguido despertar y ver la realidad tal y como es. Os aseguro que nos queda mucho, mucho que hacer para que aquel sueño que Martin Luther King tuvo, y en el cual yo he estado viviendo hasta hace unos días, se haga realidad.

Por último quería agradecer a los lectores que se hayan molestado en leer algo que para mi es muy importante y que ojalá sirva para concienciar a muchas personas, o las haga despertar del sueño que, como yo, estaban viviendo.

Este escrito lo firmo yo, pero podría firmarlo cualquier joven racializado.

Un cordial saludo,

 

Vazher

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