La chica del Masnou

Frontera Sur Por Jesús Blasco de Avellaneda / Archivo SOS Racismo Madrid

“Los jóvenes migrantes del Magreb ya tienen trazado su destino hasta el fin de sus días. Sus traumas o dolores no vienen al caso, aunque que viajen debajo de camiones o saltando las vallas y alambrados de Ceuta y Melilla, territorios colonizados para resguardo de fronteras”

Una joven y sus amigos conversan parados en el tren. “Yo no soy racista”, repite sin pensar, sobre su defensa a la chica agredida sexualmente por un joven migrante sin acompañamiento familiar. Según el psicoanálisis el inconsciente se expresa en las negaciones cuya principal función es tacharlas y así entender lo que encierran esos enunciados de la consciencia: en ese “no soy” quizá su inconsciente colonial esté diciendo lo opuesto.

La joven identificada con la muchacha agredida habla desde su propio miedo, o su propia experiencia de opresión sexual. Su amiga afirma con la cabeza como un muñequito. Hablan de lo que ocurrido en el Masnou como un drama personal, pero no aluden a los jóvenes heridos por la policía ni al grupo de vecinos que ataca un centro de acogida con un odio propio de la herencia franquista. A la joven le preocupa el perpetrador y con él todos los MENAS. Se han vuelto agresores sexuales como definición a una comunidad entera. Pero la operación no solo es la generalización. Sino que se invierte la lógica de los sucesos.

La creencia popular desde las colonizaciones al Sur es que hay que dominar el estado de naturaleza, impulsivo y salvaje de los incivilizados. Esta idea ya está instalada y todos los mecanismos sociales están al servicio para probarlo, este chico viene a justificar lo que se han inventado para someter. Quiero decir, el hecho de que un chico un menor de Marruecos sea un machista, y con ello, perverso, violento, violador, acosador, criminal, drogadicto, ladrón es algo que ya está inscrito en las narrativas sociales del reino como tatuaje indeleble, es el chip instalado y cada fenómeno que ocurra se verá a através de esa lente que confirmará la hipótesis ya creada. De este modo, nadie se detiene a revisar los acontecimientos, las condiciones, los deseos, los traumas. Solo existe un motivo totalizante: quitarnos de encima a los extranjeros. Como reverso de esta dialéctica inconmovible de la buena muchacha y el violento extranjero, las jóvenes europeas blancas son y serán siempre víctimas, sin agencia ni responsabilidad, susceptibles de ser atacadas por el monstruo del otro continente. La construcción del violento sexual racializado es un hito en la historia, no es novedad, ha sido la justificación del pánico sexual, el victimismo y el punitivismo.

“La construcción del violento sexual racializado es un hito en la historia, no es novedad, ha sido la justificación del pánico sexual, el victimismo y el punitivismo”

Es notable que en el caso de La Manada ha sido puesta en la escena del escarnio la joven víctima de una violación grupal. Probablemente porque los agresores sexuales eran europeos. La opinión pública, y la justicia, han puesto en duda a la muchacha pero los policías o los vecinos no estuvieron bajo sospecha. Hoy de lo que se habla es del presunto agresor marroquí. Y así la escalera de opresiones pareciera esclarecerse. El hombre europeo, de bajo la mujer euroblanca y más atrás vienen la gran masa de migrantes. ¿Quién escucha a los chicos que sin familia, ni lengua, ni casa  que son atacados por todo el vecindario, heridos y expuestos a la policía?

La joven feminista sigue con su argumento “tienen casa, digo bueno, techo” Y en este yerro encontramos el abismo de la clase social y la migración. La jovencita tiene un hogar y equipara un techo de acogida provisorio y multitudinario con la experiencia de estar en casa. Para a un migrante del Magreb, sin dudas, parar en un centro con una proyección vital incierta, con una comida que no es la suya, unos códigos de conducta que no son los propios, unas palabras ajenas y una buena cantidad de adultos desconocidos a su alrededor jamás diría que tiene una casa. Vive bajo un régimen de tutela y vigilancia. Y dichas tutela, más allá de la buena voluntad de lxs educadores, proviene del Estado español bajo los códigos de conductas racistas que los criminaliza.

“Tienen comida y un poco de dinero, continúa la joven, pero lo que más preocupa es que cuando tengan 18 años estarán sueltos en la calle y nosotras en peligro” Lo que más espanta es que serán sujetos libres, con derechos. El mayor terror eurocéntrico. Y las mujeres solo quieren estar seguras en un orden sexual que por definición es opaco y complejo. Parece gritarnos que la gente tiene que ser tal cual necesitan los europeos o deben estar controlados. No hay relación la diferencia, ni una revisión del propio posicionamiento, solo parece importar lo que las personas blancas necesitan. Los jóvenes migrantes del Magreb ya tienen trazado su destino hasta el fin de sus días. Sus traumas o dolores no vienen al caso, aunque que viajen debajo de camiones o saltando las vallas y alambrados de Ceuta y Melilla, territorios colonizados para resguardo de fronteras, hagan lo que hagan, siempre el problema, siempre criminales por naturaleza, por un orden histórico, esencialmente malos. ¡Maniqueísmo europeo, analiza qué mundo has creado!

 

 

Magdalena De Santo

Magda De Santo es escritora compulsiva. Se dedica a la dramaturgia, periodismo, no ficción y ficcion social. Es licenciada en filosofía, egresada del Programa de Estudios Independiente del Museo de Arte Contemporaneo de Barcelona, artista, performer, activista, lesbiana, feminista, migrante anti colonial.

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